Destacado
LA MENTALIDAD HUMANA Y SUS CONDICIONES DE SALUD
CONTENIDO PAG
UN PREVIO
INTRODUCCIÓN 01
C0NTEXTO MUNDIAL AQUÍ Y AHORA 09
El
ser y el debe ser que delimitan este estudio 09
La
situación del hombre contemporáneo 10
La
nueva mentalidad emergente 13
Los
obstáculos al cambio 16
El
cambio 19
EL ENFOQUE ESPIRITUALISTA 22
La
tridimensionalidad humana 24
La
interrelación bio-psico-espiritual 26
El
estado bio-psico-espiritual positivo 27
El
origen del enfoque espiritualista 30
Los
postulados fundamentales 33
Implicaciones
educativas y reeducativas 37
Los
valores a descubrir 39
El
cambio de actitud respecto a si y dificultades 41
ANTECEDENTES DEL ESTUDIO DE LA MENTALIDAD HUMANA 45
Mentalidad
y medio ambiente 48
Mentalidad
humana 49
Un
intento de definición 50
El
centro de actitud mental 54
SALUD Y PERTURBACIÓN MENTAL 58
Los
criterios de la salud mental 60
La
evolución de concepto de la salud mental 61
Salud
mental y ética 63
Salud
mental, relación con el mundo 64
LA MENTALIDAD
SANA 72
LA MENTALIDAD
PERTURBADA 90
LA EVOLUCION
MENTAL 114
LA CONFORMACIÓN
DE LAS ACTITUDES MENTALES 116
MENTALIDAD Y
LENGUAJE 125
VOLVIENDO A
NUESTRO PUNTO DE PARTIDA 128
Primero:
la mentalidad. Los educadores 129
Segundo:
la mentalidad de los estudiantes de educación y jóvenes en
General. 133
CONCLUSIONES GENERALES 138
CONCLUSIONES ESPECIFICAS SOBRE LA SALUD Y LA
PERTURBACIÓN MENTAL 142
RECOMENDACIONES 147
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS 150
AGRADECIMIENTOS
AL
GRAN DIOS SUPREMO, por su sagrada Luz Divina. Protecciones, Orientaciones
recibidas durante este trabajo.
A
SUKUINUSHI-SAMA Y OSHIENUSHI-SAMA, por sus enseñanzas sobre los hijos radiantes
del sol y ejemplo de servicio.
A
mis estudiantes y ex-estudiantes por ser mi motivo inicial; por su colaboración
como “Mis queridos sujetos experimentales”
A
Carmen Cecilia, por su claridad mental, positividad en su tutoría y por su
apoyo absoluto a este trabajo, que es “nuestra empresa común”
A
Carlos, por su papel de “primer cedazo critico” y por sus numerosos aportes, a
pesar de su escepticismo.
A
Isidoro, “El señor de la palabra”. Por su “trabajo de marquetería” y los 2 o 3
tornillos con que fijo, en un momento, el corazón metodológico de este trabajo
sin lo cual aun volaría palpitando confundido y desorientado.
A
Consuelo, por su paciencia, gentileza y acertados comentarios sobre el orden de las ideas, la redacción y
parte del procesamiento de palabras.
A
José Ramón, por su asesoría técnica y “voluntad de oro”
A
Ana Luisa, por estar “siempre lista” en trabajos de mecanografía y afines, a
pesar de la hora y el día.
A
Willian, por ser “mi amigo utility”
A
Grisella, por ayudarme a ordenar las referencias bibliográficas a ultima hora.
A
Carolina, Nelly su mamá y Daniel su hermano. Genéticamente excelentes y
maravillosos y maravillosos en aquello del procesamiento de palabras y elaboración de portadas, con amor y
eficiencia.
A
Eloina, quien se encargo con amor, fidelidad y eficiencia de mi hogar sin lo
cual yo no hubiese podido hacer nada.
A
Luis Hernán mi hijo mayor, por su extraordinaria paciencia y aceptar ser
postergado tantas veces en este ultimo tiempo.
Al
Núcleo Universitario “Rafael Rangel” en general y al Departamento de Ciencias
Pedagógicas en especial, por su apoyo solidario y múltiples felicidades.
Al
C.D.C.H, por financiar este trabajo.
Y
perdón a todos. -por todo-
A TRUJILLO:
Mi tierra Natal espiritual.
“Nunca
pongas en duda que un pequeño
grupo
de ciudadanos preocupados y comprometidos puedan
cambiar el mundo; de
hecho es lo único que lo ha hecho cambiar”
(Margaret Mead)
520.292 habitantes.
7.400 Km2 (OCEI EI Censo 1990 en
Venezuela)
Ayer: “...en el Escuque de hace muchos años los notables del pueblo
no eran los que tenían mas dinero, sino los mas sabios y correctos. Para
nuestros viejos, sabio y correcto es
el hombre que comprende el orden natural y vive en armonía
con el.”
(Muchacho,
E 1989)
Hoy: “Desde
el punto de vista económico esta entidad federal se presenta
como la mas deprimida de las que integran el ámbito
regional”
(Instituto
de Investigaciones Económicas y
Sociales de la
Universidad
de los Andes: En González, F.
86:26-30)
“Se que las cosas de las que hablo en este libro
escandalizaran a algunos y serán rechazadas por muchos. Que sea así. Son la
verdad, según yo la vivo y salen de mi corazón. Se que hay un orden divino en
este universo, desde la mas diminuta célula a la galaxia entera y mas allá.
Esta espléndida conciencia es nuestro derecho de nacimiento y forma parte de
todos y cada uno de nosotros”.
(Wayne, W. Dyer, 92:20)
Estoy seguro de que existe un camino correcto y que somos lo suficientemente capaces de encontrarlo.
(A.
Einstein)
No hay que ordenar el mundo. Porque el mundo es la
emanación del orden. Somos nosotros quienes debemos ponernos al unísono con ese
orden.
(Henry
Miller)
No parecía tratarse de una cuestión de aplicación de
métodos productivos sino de diferencias mentales que no permitían obtener los
resultados esperados.
(Uslar
Pietri)
Hoy podemos todo lo que me ganarían las ciencias del hombre
con un estudio sistemático de las relaciones entre la mentalidad y las
condiciones de vida.
(Friedman)
1.
Todo conocimiento humano es
formal, aparente y relativo al fenómeno histórico en que se produce. Las
teorías de la ciencia solo son herramientas provisionales. El criterio de su
utilización debe ser si están en equilibrio. Con la verdadera ciencia: La
Ciencia Divina y si contribuyen, de alguna manera a que el hombre evolucionen
espiritualmente en armonía con toda la creación. Por otra parte, todo
conocimiento entraña una responsabilidad...
2.
La ciencia humana actual y su
método nos guían en la dirección del reduccionismo hacia elementos más y más diminutos
-que si bien fue una dirección necesaria en, cierto momento de la evolución
humana- no favorecen en la “vivencia integral” que, con frecuencia, es la
verdaderamente significativa (Rogers, 1974) se trata del llamado “Enfoque
Atomístico” que analiza el objeto de estudio tratando el todo en términos de
sus partes siendo que “el todo es más que la suma de sus partes” (Gestalt) lo
cual es un “mal habito mental” frecuente (Martínez, 1982) como dice Saint
Exupery: “al tratar de explicar el rostro por sus partes, se vuelven luego
incapaces de ver la sonrisa”. Platón por su parte, exigía al dialéctico: no
contentarse con cualquier clase de distinción conceptul. Al dividir un todo en
géneros y especies, decía él, debe procurarse no vulnerar la estructura: “No
hay que desgarrar las carnes, sino cortar siguiendo la dirección de las
articulaciones naturales” (en Martínez, 1982) El modo Atomístico de pensar se
considera una forma mitigada de sicopatología o por lo menos, un aspecto del
denominado síndrome de inmadurez
cognitiva (Maslow, 1973) El estudio de un objeto no consiste solo en
analizar (descomponer, disolver, desligar) sino también, y sobre todo, en
sintetizar (organizar, componer, estructurar) (Martínez, 1982) El estudio de un
objeto debe consistir en comprenderlo en su interconexión con la totalidad.
3.
Esta misma ciencia nos ha inducido
a ignorar los procesos o eventos que no pudieran ser sujetos a las reglas de la
manipulación de las “cosas” o que no pudieran ser descritos por las leyes
racionales de la lógica analítica, existen otros tipos de lógica capaces de dar
cuenta de otros aspectos de la realidad.
4.
Lo que uno percibe
“objetivamente”, puede ser en gran parte una proyección de su propio “estado
subjetivo” (psicoanálisis) y por lo tanto, puede decirle mas acerca de sí
mismo, que acerca de lo que esta observando. Por otra parte, según la física
moderna: el observador modifica al observado” aludiendo con ello al hecho de
que vemos cosas nuevas y diferentes reconstruyendo el campo a partir de nuevos
fundamentos (Jun en Kliksberg, 1990)
5.
Hay que usar el “sentido común”,
que aun dentro de su aparente simplicidad, camina por una vía más cónsona u
coherente con la realidad, que muchos métodos. El sentido común nos guía
preferentemente hacia visiones integrales, holísticas y dinámicas, mas que a
apreciaciones atomísticas y estáticas, nos lleva sobre todo a valorar el
significado funcional de las acciones más que su sentido estático (Martínez,
1982) El sentido común es la “Facultad interior la cual recibe e imprime todas
las especies e imágenes de los objetos que envían los objetos exteriores.
Facultad de juzgar razonablemente de las cosas” (Nuevo Diccionario Sopena,
Barcelona, 1970)
INTRODUCCIÓN
El origen de este trabajo data de 1989, de nuestra preocupación al percibir cada vez más nítidamente que los
roles institucionales y sus responsabilidades inherentes estaban marcadamente
desvirtuados, produciéndose una cada vez mayor y acelerada desvinculación de la
problemática real y concreta del hombre contemporáneo. Notábamos que la
concepción vigente de la institución-universidad, no estaba llevando a
resultados eficientes en el cumplimiento de su misión. Veíamos que el enfoque y
manejo erróneo de los problemas hacia que la educación convencional estuviera
fracasando a la hora de enseñar actitudes y habilidades básicas de alto nivel y
de fomentar el desarrollo integral.
En nuestro campo percibíamos la orientación excesivamente teórica y
desvinculada de la realidad de las materias de psicología impartidas a los
estudiantes de Educación del Núcleo Universitario “Rafael Rangel” de la
Universidad de los Andes. Nos llamaba la atención el hecho de que siendo la
psicología una ciencia lo suficientemente madura, estuviese –en la práctica
docente- centralizada básicamente en la intelectualización de la información psicológica desaprovechando
su potencial para el cambio personal de los sujetos involucrados (tanto de
alumnos como de profesores) y sin por ello incidir en el mejoramiento de las
condiciones de existencia individual y colectiva. Esto nos parecía aun más
paradójico si considerábamos que el aprendizaje en sí se defina como un proceso
de cambios de patrones conductuales, como resultado de la comprensión y de la
práctica.
El problema nos parecía aun más grave en el caso de la formación de
estudiantes de Educación. Podemos decir que un educador se forma a través de
una serie de experiencias y aprendizajes formales y no formales que se van
integrando y contribuyendo a conformar su mentalidad y a definir su vocación.
La misión de la verdadera educación es el desarrollo de la trinidad moral,
intelectual y física, la realización integral de los estudiantes. El educador
debe enseñar y transformar, sin la intención de transformar, sino orientado a
través del propio ejemplo; con la propia postura y actitudes: despertando al
otro (Spranger, 1960) considerando sus características personales y
equilibrando el afecto y el rigor. De hecho el educador multiplica, a través de
modelaje diario, su propia integración o desintegración...
La aspiración era entonces facilitar en los estudiantes de la educación
un cambio de mentalidad, entendiendo este cambio como el aprendizaje de una
nueva forma de sentir, pensar y actuar. La internalización de actitudes más positivas
hacia el auto análisis y la rectificación de la relación concreta, no solo con
las otras personas, sino también con el medio ambiente natural y el medio
tecnológico (UNESCO, 1991) era de la luz del análisis de contexto histórico
actual y como indicadores del desarrollo y evolución humana, necesidad
prioritaria.
La psicología nos aportaba suficientemente información acerca del
aprendizaje en sí y de la forma que asume este proceso. Teníamos bastante claro
como se produce el aprendizaje comportamental pero nos surgía una gran
pregunta doble sobre el contenido del aprendizaje en sí ¿Qué actitudes y
conductas debían aprenderse? Y ¿Qué actitudes y conductas extinguirse? Y
derivadas de estas preguntas venían otras: ¿Era posible aprovechar la situación
cotidiana del aula para incidir en el entrenamiento de estas nuevas y mejores
actitudes y conductas?
Siendo la psicología el estudio de la conducta humana, del desarrollo y
del aprendizaje (Woolfolk, 1990) siempre que se imparte educación, deliberadamente
o no, se está aplicando algún concepto psicológico y no otro; por eso se afirma
que “debajo de toda didáctica hay una psicología subyacente” (Aebli, 1958)
nuestro trabajo parte entonces de la base de que la psicología puede
constituirse en un elemento de valiosa ayuda en la realización del cambio de
mentalidad requerido.
Realizaremos un primer abordaje del problema del cambio de mentalidad a
través de un estudio piloto realizado en 1989 con estudiantes de la carrera de
educación del NURR en el que intentamos conocer la actitud existente en ellos
hacia el autoanálisis, actividad base del cambio personal. Sin embargo nos
dimos cuenta de que era necesario averiguar –a través de algún instrumento de
medición- el “estado base” de la mentalidad vigente. Pero ese instrumento tal
cual lo concebimos no existía.
Había que construirlo. Un instrumento que nos permitiera realizar una
exploración diagnóstica de las actitudes hacia los aspectos considerados más
relevantes dentro de los indicadores del nivel de desarrollo en el momento
actual de la humanidad. Estos aspectos son la actitud hacia lo trascendente, lo
sagrado; la situación hacia los problemas y dificultades cotidianas de la vida;
la actitud hacia los aspectos físico, material y tecnológico. Procedimos a
comenzar a reunir y sistematizar la información necesaria.
Simultáneamente con la revisión bibliográfica y con el recuento de la
experiencia sobre el tema, iba diseñándose el instrumento de medición; sin
embargo, algo comenzó a surgir que rompió la continuidad del trabajo. Una
imperiosa necesidad de revisar los enfoques psicológicos existentes con mayor
amplitud y profundidad al ir manifestándose con creciente nitidez el radical
cambio paradigmático emergente no solo de la psicología, sino también en todas
las ciencias y nos atreveríamos a decir, en todo el campo del quehacer humano.
Una detención necesaria se produce en este momento en el desarrollo del
trabajo y, también se intuye una reformulación.
Esta búsqueda de mayor información significo una demora en el trabajo
pero fue muy interesante pues nos llevo a una redefinición del ser humano como
unidad bio-psico-espiritual y con ello de los conceptos de desarrollo humano y
de educación lo cual reforzaba el planteamiento que nos llevo a los indicadores
señalados en este trabajo.
Otras señales además nos hablan de la necesidad de revisar los conceptos
psicológicos que sustentaban este trabajo. Había la necesidad institucional de
actualizar los programas de Psicología del pensum de Educación para las
tradicionales y nuevas carreras del NURR. Por otra parte, en el acontecer de la
vivencia diaria, la necesidad de un cambio hacia rasgos que no entren en
conflicto, Sino que, por el contrario, armonicen con “lo cósmico”, con las
otras personas y consigo mismo –un cambio de mentalidad- aparecía más
frecuentemente como la respuesta necesaria ante la problemática del
mundo actual. En los medios de comunicación, en la “expresión del hombre en la
calle”, repentinamente el término “cambio de mentalidad” nos parecía casi de
moda. Temimos que la velocidad del curso de la realidad iba a dejar este
trabajo obsoleto antes de ser completada su gestación.
Estaba por lo demás la experiencia diaria que nos decía que no era
posible el nacimiento de un hombre nuevo –dentro de nosotros mismos- sin el
cambio profundo de nuestra manera de sentir, de pensar y de actuar.
El momento de la decisión se aproxima; proseguir con el diseño del
instrumento de medición de la mentalidad en el aspecto positividad/negatividad
(el cual continuaba en su propio proceso de gestación) o detenerse y profundizar
el nuevo marco de referencia que iba surgiendo ante nuestros ojos y que hacía
casi “recrear” todo de nuevo, bajo el mandato de una nueva palabra, más antigua
que el mundo, y bajo una nueva luz tan radiante que hacía que los conceptos
psicológicos anteriores parecieran solo reflejos, opacos y confusos
“aparentemente verdaderos” .
Admitimos que intentamos realizar ambas cosas hasta que la realidad, y
nuestra propia reflexión nos hicieron ser menos ambiciosas, había tareas
concretas y plazos fijos que cumplir; por lo tanto la completación del
instrumento de medición de la mentalidad humana debía esperar. Tal vez no
estaba suficientemente maduro o su momento aun no había llegado.
De modo que la decisión fue tomada: limitar este trabajo a una revisión
bibliográfica para clarificar lo que la ciencia psicológica considera es, en la
actualidad, la salud y la perturbación mental, como modelo teórico que sustente
y oriente las etapas de investigación siguientes, la continuación lógica de
este trabajo es el estudio del proceso de cambio de mentalidad en sí, de
su orientación y de la dinámica de este cambio, para llegar a criterios
prácticos que permitan el diseño de instrumentos de diagnóstico de las
tendencias actitudinales y de evaluación del cambio(medición de la polaridad
mental)así como de procedimientos psicopedagógicos experimentales de
positivación mental.
La importancia de este estudio para el ámbito educativo radica, a
nuestro juicio, en que permite obtener información de interés para la (re)
planificación de las actividades educativas institucionales en base a un perfil
de salud mental actualizado y más acorde a la problemática y necesidades de
la educación en el mundo de hoy.
En síntesis nos limitamos a presentar en esta monografía, la revisión
bibliográfica de lo que las principales teorías psicológicas reflexionan acerca
de la mentalidad humana y sus condiciones de salud y perturbación, así como los
resultados personales en el campo de la experiencia práctica profesional.
El objeto que nos propusimos fue
determinar, desde la teoría psicológica, las características de una mentalidad
orientada hacia la salud como modelo teórico para proseguir las
investigaciones posteriores de campo.
Esta investigación pertenece a la psicología, nuestra óptica personal
para abordar el problema intenta ser la óptica psicoespiritual, abarcando e
integrando desde allí todas las tendencias existentes al interior de la
psicología realizando las extrapolaciones necesarias al campo educativo.
En consecuencia las técnicas utilizadas se han limitado al análisis
preciso de textos psicológicos.
El desarrollo de esta reflexión se descompone en cuatro partes:
1.
El contexto mundial aquí y ahora.
2.
La visión tridimensional del
hombre y su mundo.
3.
La manera de sentir, pensar y
actuar.
4.
Salud y perturbación mental.
EL
CONTEXTO MUNDIAL AQUÍ Y AHORA
El ser y el debe ser que delimitan este
estudio
La educación es la reconstructora de la sociedad, pero
primero tiene que nacer un “nuevo modo de pensar” antes de que pueda nacer la
nueva época.
(Edwar
Spranger)
Se acepta comúnmente como el propósito de la educación el formar y
desarrollar (a través del proceso de enseñanza-aprendizaje) personas con
mentalidad sensible e inteligencia, útiles al progreso de la humanidad total
(Spranger 1960, Piaget 1973; 1975 Kohlberg y Mayer 1984).
Por otra parte la Ley de Educación Venezolana dice que esta formación
debe ser moral, intelectual y física. De acuerdo a lo anterior, los
propósitos educativos que enmarcan el presente proyecto de investigación
provienen de la concepción bio-psico-espiritual que considera al ser
humano como una unidad tridimensional: espiritual-mental y físico/material.
A
juzgar por la información disponible y la experiencia cotidiana todo indica,
sin embargo, que la educación actual, está lejos de cumplir con los fines
planteados, contribuyendo a formar personas con escasa capacidad de
discernimiento, auto-critica. Los egresados educativos, a cualquier nivel son
de insuficiente calidad como lo muestran los numerosos estudios realizados en
el extranjero y Venezuela (Sherif 1970; Rosemblat, 1975; Essenfeld, 1978;
Kubie, 1978; Quintero 1980; Romero 1981; Salom de B. 1986; Vásquez y Salom de
B. 1986; Morales C.C. 1988; Morales de R. 1991)
La situación del hombre contemporáneo
Por primera vez en la historia, la supervivencia
física de la especie humana depende de un cambio radical del corazón humano.
(Erich
Fromm)
El ser humano actual se encuentra en un momento inédito de su evolución
histórica, una gran confusión y desorientación se manifiesta en todos los
aspectos de su existencia. Lo anterior se expresa en un conjunto de actitudes
de carácter materialista (Goble, 1977) y egocentrista (Frankl, 1980)
subyacente, al cual pareciera haber un modo de pensar, sentir y actuar que hace
ver la realidad en forma superficial y distorsionada. Los acontecimientos son
percibidos como fijos, inmutables y separados de una totalidad mayor (Bandler &
Grinder, 1975) La excesiva ambición, los caprichos y arbitrariedades, la
autoexaltación presuntuosa que han fomentado el predominio de las relaciones
inarmoniosas destructivas, no solo desde el hombre hacia el hombre, sino
también desde el hombre hacia la naturaleza, serian expresiones y consecuencias
de este tipo de mentalidad.(Fromm, 1970, 1973, 1977; Cesarman, 1976;
Proshansky, 1978; La Declaración de Vancouver 1989; UNESCO, 1991)
Uslar Prieti (1994) pone de manifiesto la existencia de problemas amplios
y profundos que involucran el tipo de mentalidad o “actitud vital”
“Lo que esta planteado hoy en términos perentorios, es la necesidad
inaplazables de reestructurar y redimensionar la idea misma de progreso y la
búsqueda de las formas posibles de equilibrio que actualmente parecen
irremediablemente rotas, entre la población, los recursos y las posibilidades
reales de bienestar”
(Uslar
Pietri 1994)
Algunos investigadores agregan a lo anterior la presencia de un
sentimiento de vacuidad, de un vació existencial, de la pérdida del sentido
trascendente de la existencia (Janz, 1963: y Frankl, 1980) de los valores
intrínsicos del ser (Maslow, 1973) por la ausencia de un eje espiritual de la
vida (Tournier, 1946) condiciones que se encuentran implicadas en la presencia
de alteraciones de la salud, de la armonía en la relación y comunicación y de
la productividad (Brown, 1966; Watts, 1972; Cueli y Redil, 1977; Bruno, 1978)
Dice Fromm:
“Nuestra cultura quizás es la primera cultura secularizada de la
historia. Hemos renunciado al conocimiento de los problemas fundamentales de la
existencia humana y a todo interés por ellos. No nos importa el sentido de la
vida, si su solución; partimos de la convicción de que no hay mas finalidad que
invertir la vida fructuosamente y pasarla sin grandes contratiempos. La mayoría
de nosotros cree en Dios, y damos por sentado que dios existe. El resto, no
cree en Dios, da por sentado que Dios no existe. De cualquier modo, se toma a
Dios por cosa admitida. Ni el creer ni el no creer producen noches de insomnio
ni ningún interés serio. En realidad no hay ninguna diferencia entre que un
hombre de nuestra cultura crea en Dios o no crea, lo mismo desde un punto de
vista psicológico o verdaderamente religioso. En ambos casos, no se preocupa de
Dios ni de la solución del problema de su propia existencia. Así como el amor
fraternal ha sido reemplazado por la equidad impersonal, Dios ha sido
transformado en un remoto Director General del universo, S.A. (Fromm, 77:150)
“...la relación de la gente con la naturaleza se volvió muy hostil...
hemos tratado de resolver nuestro problema existencial renunciando a la visión
mesiánica de la armonía entre la humanidad y la naturaleza, y al conquistar la
naturaleza, al transformarla para nuestros fines, su conquista se ha
convertido, cada vez más, en equivalente de destrucción. Nuestro espíritu
hostil y de conquista nos ciega al hecho de que los recursos naturales tienen límites
y se pueden agotar, y que la naturaleza luchara contra la capacidad humana”.
(Fromm, 80:26)
El panorama anterior, (en contraste con el gran desarrollo
científico-tecnológico alcanzado en los actuales momentos nos hace pensar que
hay algo profundamente errado en el interior del propio hombre, en su propia
mentalidad y que esta perturbación se expresaría ante todo tipo de situaciones
contingentes.
Varias preguntas nos surgen en este momento: ¿Cómo podría caracterizarse
teóricamente este conjunto de actitudes y comportamientos que no
corresponden a una mentalidad orientada hacia la salud? (“mentalidad
perturbada”) A la situación descrita ¿Cuál es la alternativa existente?, es
decir, ¿Qué actitudes y conductas si se orientan hacia una vida distinta, mas
rica, profunda; más feliz?
La nueva mentalidad emergente
Un nuevo mundo es ante todo un espíritu nuevo.
(Anónimo)
Sin embargo, y paradójicamente, entramados en la situación anterior, se
observan cambios en dirección contraria. Una tendencia cada vez más poderosa a
derrumbar las ideologías dominantes hasta hoy y conciliar los opuestos sobre la
base de un eje común de tipo superior.
Una nueva forma de percibir e interpretar la realidad (Zeitgeist: “el
nuevo espíritu de una época”) un nuevo paradigma mental está emergiendo, tanto
en la conciencia humana individual, como social. Especialmente a nivel de la
ciencia física, así como en la psicología, esta nueva perspectiva implica un
modo nítidamente nuevo de enfocar los problemas. (Kuhn, 1978; Busser, 1970;
Maslow, 1973; Frankl, 1980)
El eje central de esta nueva perspectiva es la dimensión espiritual
ubicada como el origen –raíz- de todo lo existente. Esta nueva óptica exige un
vuelco mental, un giro en 180 grados del pensamiento-sentimiento que da origen
a nuevas y distintas actitudes ante las cosas. No significa un
perfeccionamiento de los conceptos sobre las cosas sino más que eso, se trata
de un total cambio de dirección (Maslow, 78) La dimensión espiritual de la
existencia está siendo percibida cada vez más nítidamente por la psicología,
encontrando y aceptándose en la práctica que: “...los problemas espirituales y
morales son parte de una ciencia que como institución social y empresa humana,
tiene metas, ética, moral, valores.” (Goble, 75)
La nueva forma de percibir e interpretar la realidad, comprueba
claramente la naturaleza holística, ecológica, unitaria, integrada perfecta del
universo. La ciencia moderna descubre poco a poco la cualidad intencionada y
significativa de todas las cosas y también que todo el universo está estructurado
acorde al principio de equilibrio. Está surgiendo una nueva manera de pensar
acerca de las cosas en derredor, en la que la dimensión espiritual es básica;
las interrelaciones entre el hombre y la naturaleza son dramáticamente
perceptibles; la necesidad de respeto por la diversidad biológica, racial y
cultural, el valor sinérgico de la cooperación y la armonía con las personas y con el medio
ambiente –sinergia intrapsíquica-
interpersonal, intractual, etc. (Maslow 73:276) hacen cada vez más evidente la
necesidad de una ética ambiental universal (UNESCO 91)
Se afirma que la nueva ciencia y la nueva conciencia están totalmente
a tono en esta “Nueva Edad” que está
apareciendo en el horizonte, y que su advenimiento esta señalado por la
evolución de una nueva conciencia que anuncia cambios en los valores y en los
estilos de vida “...la edad que viene promete ser inusualmente activa,
desinteresada por las cosas materiales, en la persecución de ideales más altos.
Significa rasgos espirituales antes que materiales, personalidades integradoras
ante que divisoras, dirigidas hacia el cielo antes que la tierra.” (Laszlo y
otros, 1991)
Para Maslow el primero y más trascendente de los grandes problemas es el
de hacer la “Persona Buena”:
“Debemos tener mejores seres humanos o de lo contrario es muy posible
que seamos exterminados, o por lo menos, ciertamente viviremos en una gran
tensión y angustia como especie... Esta Persona Buena puede igualmente llamarse
persona autoevaluativa, persona responsable de sí misma y de su propia
evolución, hombre plenamente consciente, iluminado o perspicaz, persona
plenamente humana, persona autorrealizante, etc. En cualquier caso está
bastante claro que ninguna reforma social, ninguna constitución, ninguna ley o
programa, por bellos que sean, tendrán alguna consecuencia, a menos que las
personas sean lo suficientemente sanas, evolucionadas, fuertes y buenas para
comprenderlas y ponerlas en práctica en la forma correcta (...)
Otro gran problema tan
urgente como el mencionado es el de hacer la Buena Sociedad. Existe una especie
de retroalimentación entre la Sociedad Buena y la Persona Buena, ambas se
necesitan entre sí; son sine qua non la una para la otra... se
desarrollan simultáneamente, de manera sincrónica. En cualquier caso sería
imposible lograr alguna de las dos sin la otra” (Maslow, 73: 33-34)
Por esta razón puntualiza Maslow que la ciencia misma debe ser un
código ético, debe buscar valores, y estos se pueden descubrir dentro de
la naturaleza humana, la ciencia es tanto una búsqueda de valores de
desarrollo, es decir, de aquellos que hacen al hombre más saludable, más sabio,
mas virtuoso, más feliz, más completo. (Maslow, 73:35)
Hace más de medio siglo Jan Smuts en su libro Holismo y evolucionismo
decía: “la evolución posee un carácter espiritual interior que no deja de
profundizarse. (En M. Ferguson, 90:174) Sin embargo, el cambio no es nunca
fácil.
Los obstáculos al cambio
La mente se deslumbra cuando asoma fuera de su obscura prisión.
(Teilhard
de Chardin)
Esta nueva visión que se está difundiendo tanto en el mundo oriental
como occidental y en sociedades industriales como tradicionales, se encuentran
en agudo contraste con la familiar visión del mundo que ha dominado La Era
Industrial durante mucho tiempo (Laszlo y otros 91) Se trata de una colisión de
paradigmas (Jun 1978)que conlleva invariables tropiezos y tercas resistencias,
antagonismos y mala comunicación (Waish y Waughan 82) hasta la aceptación de
una nueva perspectiva que incluye la anterior. (Ferguson. 1990)
Por estas razones, una nueva perspectiva que exigía un giro mental tan
pronunciado e integral, es aceptada por el medio académico establecido –y por
el sujeto en proceso evolutivo- solo después de un proceso que permita romper
el apego a la antigua óptica y al férreo condicionamiento proveniente del
sistema de creencias y valores subyacentes (Goble; 1977)
La paradoja anterior, de la coexistencia de actitudes cada vez mas
materialistas egocéntricas y actitudes cada vez más espirituales altruistas, se
corresponde con los hallazgos de Ilya Prigorine (Premio Novel 1977) para quien
estamos en un momento apasionante de la historia. Tal vez en un punto decisivo
de giro, planteando en su teoría de las “estructuras disipativas”, que el
estrés y las perturbaciones serian elementos desencadenantes de un nuevo orden
a nivel superior. La transformación, la innovación, la evolución, serian
respuestas naturales a cualquier crisis. La evolución seria un proceso continuo
de ruptura de totalidades y de formación de otras nuevas dotadas de mayor
riqueza; y cuanto mayor es la complejidad, organización y fluidez de un
sistema, tanto mayor también es su carácter de proceso y su capacidad de
autotranscendencia. Como ha demostrado Prigorine, la inestabilidad es la clave
de la transformación, ya que la disipación de la energía crea la potencialidad
de un nuevo y repentino ordenamiento (En ferguson, 90: 181-186)
Estos hallazgos de la ciencia física, concuerdan a nivel psicológico con
la información proveniente de los estudios del desarrollo humano que ponen de
manifiesto que las crisis naturales y accidentales son oportunidades para el
crecimiento y desarrollo personal-social (Erikson) así como las continuas
evidencias, en este mismo sentido, provenientes de experiencia
psicoterapéutica. Por otra parte la psicología evolutiva ha encontrado que la
coexistencia o superposición de intereses y necesidades de inferior y superior
nivel, es natural esperable en momentos de transición de una etapa a otra
dentro del proceso de desarrollo humano.
El desarrollo mental es una progresiva equilibración, un perpetuo pensar
de un estado de menor equilibrio a un estado de equilibrio superior,
evidenciándose que:
“Cada estadio constituye, pues, por las estructuras que lo definen, una
forma particular de equilibrio, y la evolución mental se efectúa en el sentido
de una equilibración cada vez más avanzada.” (Piaget 75:15)
Igualmente para el cambio social, la teoría de Erickson plantea al
respecto que:
“No podemos separar el crecimiento personal del cambio comunal, como
tampoco podemos disociar (...) las crisis de identidad en la vida individual y
las crisis contemporáneas del desarrollo histórico, porque ambos tipos de
crisis contribuyen a definirse mutuamente y en verdad dependen las unas de las
otras.” (Erickson en Maier 77:24)
El desarrollo individual y social no se efectúa entonces de un modo
continuo y uniforme, sino que por el cambio implica necesarios y profundos
antagonismos.
El Cambio
La materia prima de la transformación humana ésta en torno y dentro de
nosotros mismos, omnipresente e invisible como el oxigeno.
(Marilyn
Ferguson)
Para Erikson “La unidad es la resultante de presiones contrarias y
continuas durante las diferentes fases de desarrollo. El individuo que se
desarrolla se esfuerza por alcanzar la unidad depositando su confianza en su
pasado y un futuro continuo, y en su identidad con ambos. La solución eficaz de
los conflictos de cada fase del desarrollo provoca un movimiento ascendente en
la escala de madurez, cada individuo pasa a la fase siguiente tan pronto está
preparado para ello y cada fase siguiente tan pronto está preparado ello y cada
fase introduce una serie de nuevas cargas intensivas en la vida humana
individual y colectiva. Por esta razón, la regresión temprana en el desarrollo
humano es considerada como un subproducto natural de este proceso. En cada fase
de desarrollo coexisten fuerzas contrarias que determinan crisis naturales de
crecimiento y que generan auténticos desafíos al yo, la reunión de estas dos
fuerzas contrarias exige una solución conjunta o síntesis.” (Erikson en Maier,
77:37)
El adelanto en cada etapa se da solo si se obtiene agrado en la
satisfacción de necesidades de la nueva fase hacia la que se encamina, y al
mismo tiempo se acepta espontáneamente el abandono de satisfacciones que se
encontraba en la fase anterior, y si no se ha abolido en el sujeto el deseo de
progresar. (Lelong, 1967:92)
La aceptación de una nueva perspectiva, que incluye a la anterior como
un aspecto parcial de la realidad. Implica sin embargo, “soltar” la antigua
perspectiva esta transformación ocurre generalmente como un cambio gestáltico
de forma-fondo la nueva configuración emerge a la vista repentinamente
(Ferguson; 1990)
Nos dice Piaget sobre la transformación que:
“Toda acción -es decir, todo movimiento, todo pensamiento o todo sentimiento- responde a una necesidad
que es siempre manifestación de un desequilibrio: existe necesidad cuando algo,
fuera de nosotros o en nosotros... ha cambiado, de tal manera que se impone un
reajuste de la conducta en función de esa transformación... y cada conducta
nueva no solo consiste en restablecer el equilibrio, sino que también hacia un
equilibrio más estable que el que existía antes de la perturbación” (Piaget
75:17)
Por eso podemos afirmar que cambiamos solo cuando lo deseamos
profundamente...
EL ENFOQUE ESPIRTUALISTA
En El país del Plano,
cuento popular de la época victoriana,
los personajes son formas geométricas diversas que viven en un mundo
exclusivamente bidimensional. Al comienzo de la historia, el narrador, un
cuadrado de mediana edad, tiene un sueño inquietante en el cual visita a un
reino unidimensional, el país de la línea, cuyos habitantes sólo pueden moverse
de un punto a otro, con creciente frustración intenta explicar quién es él, una
línea de líneas, proveniente de un país en el que se puede uno mover, no sólo
de punto en punto, sino también de lado a lado. Los habitantes del país de la
línea, enfadados están a punto de atacarle cuando se despierta.
Un poco más tarde, aquel
mismo día, intenta ayudar a su nieto, un pequeño hexágono en sus estudios. El
nieto sugiere la posibilidad de una tercera dimensión, un reino en el que habría de arriba hacia abajo además de un lado y
otro. El cuadrado tacha esta idea estúpida e inimaginable.
Aquella misma noche, el
cuadrado tiene un encuentro extraordinario, decisivo para su vida: recibe la
visita de un habitante del país del Espacio, el reino de las tres dimensiones.
Al principio, el Cuadrado se siente simplemente confundido por su visitante, un
extraño circulo que parece cambiar de tamaño, e incluso desaparecer. El
visitante se presenta a sí mismo como una esfera. Parecía cambiar de tamaño y
desaparecer, tan solo porque estaba acercándose al Cuadrado en el espacio y
descendiendo al mismo tiempo. Dándose cuenta de que solo con argumentos no
podría llegar a convencer al Cuadrado de la existencia de la tercera dimensión,
la esfera, exasperada, le introduce en una experiencia de profundidad. El
Cuadrado queda fuertemente conmocionado:
Tenía una sensación confusa y mareante en la visión, era algo distinto
que ver; veía una línea que no era una línea, y un espacio que no era un
espacio. Yo era y no era al mismo tiempo. Cuando pude recobrar la voz, lance un
grito de agonía: “esto es la locura o el infierno”.
“No es ninguna de las dos cosas”, replicó serenamente la voz de la
esfera. “Es conocimiento; son las tres dimensiones. Abre los ojos con
tranquilidad y trata de mirar con tranquilidad”.
Tras haber tenido esa
experiencia intuitiva de la tercera dimensión, el Cuadro se convierte en su
apóstol, intentando convencer a sus conciudadanos del País del Plano de que el
espacio es algo más que una noción propia sólo de los matemáticos. A causa de
su insistencia, es finalmente encarcelado en beneficio público. Cada año, en lo
sucesivo, el Sumo Sacerdote del País del Plano, el Circulo jefe, acude a
tantearle para comprobar si ha recobrado su sano juicio, pero el Cuadrado
continúa insistiendo testarudamente en que hay una tercera dimensión. No puede
olvidarlo, aunque no es capaz de explicarlo. (En Ferguson, 90: 71-72)
Constituye un saber común en que los hechos transcendentales sólo pueden
ser experimentados, no comunicados y que el intelecto es solo un instrumento
epistemológico insuficiente para la comprensión de la realidad en su
integridad. Sin embargo para los efectos de este trabajo no nos queda otra
alternativa que intentar aproximándonos a una descripción, si bien con
numerosas fallas e insuficiencias, de la mentalidad humana en el contexto de la
tridimensionalidad bio-psico-espiritual.
La
tridimensionalidad humana
Nacemos al mundo de la naturaleza cuando nacemos por segunda vez al mundo
del espíritu.
(Bhagarned
Gita)
La psicología ha tenido como objeto de estudio
diferentes aspectos de la realidad psíquica, de acuerdo al desarrollo teórico
metodológico de esta ciencia y de sus diferentes escuelas (Wolman, 1968;
Hilgard, 1973; Cuelí y Redil, 1973; Hail y Lindzay, 1974). Su historia
evidencia que la dimensión espiritual siempre ha sido reconocida como parte
importante de la realidad humana. Bruno relata el caso de Freud comentando que
en 1936, el psicólogo alemán Binswager dio una conferencia en la que criticó al
Psicoanálisis por su concepción del hombre como un animal y por su olvido de una base para la
mente humana: un nivel relacionado con las religiones y las artes, Freud
replicó en forma candente, señalando que siempre había reconocido la existencia
de un lado espiritual y que su tarea, sin embargo, había sido revelar la
importancia de las fuerzas biológicas. Lo que nos revela entonces, que lo que
se ha venido modificando en la psicología actual es la estructuración de los
diferentes elementos dimensiónales de la conducta humana. (Bruno, 78: cap. 7)
Actualmente la psicología está llegando a puntos de convergencia a
partir del aporte de todas sus escuelas, lo que significa en la práctica, una
ampliación dimensional de las diferentes áreas de estudio existentes y, más que
eso, nuevos aspectos de la realidad psicológica han sido aceptados como
relevantes. Al respecto señala Maslow:
“La vida espiritual es, parte de la esencia humana. Es una
característica definitoria de la naturaleza humana, sin la cual no es
planamente humana, es parte del Ser Real, de la propia identidad, del propio
núcleo interior, de la condición especifica de la plena condición humana.
(Maslow, 73:188)
Por otra parte, las investigaciones confirman que la dimensión
espiritual de la existencia no puede estar excluida del concepto de salud
integral. Ella constituye parte intrínseca del hombre y tiene base instintiva.
Las necesidades espirituales (metanecesidades) son de índole biogenéticas,
constituyendo un potencial para la realización y la autotrascendencia (Maslow, 73)
Con la aparición de modelos psicológicos que conciben los problemas de
la vida como dificultades de relación y comunicación, entre los cuales son
relevantes aquí los aportes de Tournier, Jung, Fromm, Maslow, Rogers,
Moustakas, Frankl... se ha producido con ello un marcado desplazamiento del
interés hacia los aspectos positivos de la personalidad y del vivir, ofreciendo
como alternativas frente a los padecimientos no el infortunio, sino la alegría
de vivir (Fagan y Sheperd, 73: 11)
Para Roa los modelos teóricos están aceptando crecientemente una realidad
humana tridimensional. Junto a los aspectos mental y físico/material se
percibe cada vez más nítidamente la dimensión espiritual de la realidad. Como
resultado de esta confluencia y reformulación de la psicología ha ido
configurando un objeto tridimensional, cuyo estudio integral, holístico,
implica realidades de naturaleza diferente y que requieren de métodos, técnicas
de estudio y enfoques diferentes.
La interrelación bio-psico-espiritual
Para el enfoque espiritualista, el hombre no es únicamente un cuerpo y
una mente; es un ser espiritual
(bio-psico-espiritual). Por ello no es posible comprenderlo verdaderamente mediante
la suma de los conocimientos analíticos que de él tenemos, sino discerniéndolo
en su conjunto y en su unidad. “Lo que vive en su cuerpo corresponde a una `materialización` de lo que vive en su
mente y en su espíritu” (Tournier 46:69)
Por ejemplo, existe interdependencia entre las faltas materiales, las
faltas psíquicas y las faltas espirituales; por ello, la terapia espiritualista
realiza indicaciones que *conciernen
tanto al comportamiento físico como psicosocial y a la actitud espiritual, a su
relación personal con lo divino. (Tournier 46: 143)
Según Tournier:
Dios tiene un plan para nuestra vida como lo tiene para el mundo. Y si
hoy día el mundo está enfermo, porque desobedece las leyes divinas, también los
hombres lo están, porque no conforman su vida al plan de Dios. Por
consiguiente, (...) toda violación física, psicológica o moral al plan de Dios
constituye una falta de vida y entraña sus consecuencias. Y no compromete
únicamente la salud del que la comete sino también la de los demás hombres y la
de sus descendientes. (Tournier; 46: 19).
El enfoque materialista fue una etapa muy importante en el desarrollo
del hombre y de su mundo al sistematizar los factores físicos de las anomalías
(herencia, contagio, traumas...); pero muestra solo una idea parcial y muchas
veces aparente de sus causas. El agregado de los factores psicológicos permite
formar una idea más completa de la situación, pero aún no logran develar el
papel que tiene el mundo espiritual en los sucesos de los mundos mental y
material, a través de la Ley de Causa y Efecto o Ley de Reciprocidad, entre
otras leyes (Tres iniciados 1974), ni la relación existente entre los
trastornos y el tipo de relación personal del hombre con Dios y sus Leyes. Los
problemas físicos se corresponden con los problemas psíquicos, y estos dos órdenes
de problemas se corresponden a su vez con la problemática espiritual del
sujeto; no existiendo posibilidad de reforma física, sin reforma mental y
espiritual. “No reforma alguna de una vida sin su reforma moral. Y no hay
reforma moral alguna sin renovación espiritual. La enamnesis como técnica
terapéutica incluye, por ello, la historia espiritual del paciente.”
(Tournier, 46:70-71)
El estado bio-psico-espiritual positivo
Se está planteando a sí mismo que uno de los más graves errores del
científico de la conducta, del psiquiatra y psicólogo es la idea de que la
conducta correcta o incorrecta no tiene base científica. Las investigaciones
muestran que la terapia “opera felizmente sólo en el grado que ayude al sujeto
a reconocer o descubrir mejores modos de comportarse, de pensar o relacionarse
con los demás”. (Goble, 77:100); La experiencia trascendental se relaciona con
el desarrollo humano y el aprendizaje (Murphy en Roberts, 78:184), por esto se
buscan cada vez más clara y precisamente el desarrollo de la personalidad total
en toda su complejidad y en todas sus dimensiones, habiendo tanto para la
psicología como para la educación una convicción cada vez más profunda de que
centrarse simplemente en los aspectos
físicos, emocional o intelectual de la persona hace que quede sin explorar y
sin realizarse una gran parte de su naturaleza interior. (McWalters en Roberts,
78:194).
Desde un punto de vista psico-educativo, es cada vez más evidente que el
estado bio-psico-espiritual positivo facilita la salud, la capacidad para
identificar y solucionar los problemas, la creatividad, el aprendizaje, etc. La
vida productiva implica la realización plena y responsable de aquellas
facultades que son peculiares del aspecto superior de la personalidad humana,
la razón y el amor (Fromm, 1973); la competencia comunitaria y la necesidad de
autotrascendencia (Maslow, 1973); la apertura hacia la transmutación
(metamorfosis) el cambio y surgimiento de un nuevo conjunto de comportamientos
conducentes a la concretización de una vida más amplia y profunda; “crecimiento
integrativo” (Zinker, 1979).
Se señalan también como vinculados al bienestar psicológico los
siguientes factores:
·
Conciencia de los distintos niveles
de realidad.
·
Sensibilidad y claridad
perceptual.
·
Identidad transcendiendo o
superando el sí mismo y el ego.
·
Motivación por la trascendencia
del prójimo y por la autotrascendencia.
·
Amor altruista.
·
Sentimiento de reverencia y
gratitud.
·
Sensibilidad ecológica.
·
Responsabilidad de la propia vida
(Ferguson, 1982)
El origen del enfoque espiritualista
Muchos de estos aportes tienen origen en la confrontación paradigmática
y en el fin de la guerra ideológica entre Oriente y Occidente; y por otra
parte, en la confluencia de las diferentes ciencias. Las diferencias
paradigmáticas entre la psicología tradicional de Oriente y la contemporánea de
Occidente reflejan diferentes vivencias del ser- en- el- mundo. El pensamiento
occidental por ejemplo concede un lugar prominente al concepto de realidad. Lo
patológico de este enfoque pareciera residir para algunos autores en equiparar
la “Realidad” con el mundo tal como se percibe en estado de vigila consciente.
Es decir, los modelos de la psicología contemporánea excluyen el reconocimiento
o la investigación de un modo de ser que constituye la premisa central de
virtualmente todos los sistemas psico-espirituales de Oriente. (Goleman en
Maslow y otros, 82:43-46)
Sin embargo, a partir de los años 70 se ha percibido en Occidente la
necesidad de completar su visión de la existencia con el pensamiento oriental.
(Ferguson, 1990)
Se señala que la condición humana incluye otras posibilidades que
constituyen el principal objetivo de las llamadas “disciplinas de la conciencia”:
lo que los cristianos han llamado “salvación”, los budistas “liberación” o
“iluminación” y que el humanismo no teísta designa como “amor y unión” (Fromm y
Xiran en Walsh y otros, 82, 55) La dimensión espiritual de la existencia está
no sólo siendo percibida cada vez más nítidamente, sino que está siendo ubicada
como la raíz de todas las cosas. La física moderna en particular está
encontrando que el nuevo paradigma que
está surgiendo se acerca cada vez más a la visión orgánica, unificada y espiritual
de la realidad, propia de la filosofía oriental.; guardando sus descubrimientos
un marcado paralelismo con las antiguas descripciones místicas de la realidad
(Capra en Walsh y Waughan, 1982)
Los físicos están demostrando de forma racional, que las ideas que
tenemos acerca del mundo en que vivimos son profundamente deficientes. La
tridimensionalidad espiritual, mental y físico-material del ser humano; la
necesidad de un cruce armonioso y equilibrado entre lo espiritual y lo material
como generador de una fuerza evolutiva, se hace cada vez más patente; es
preciso despertar a la comprensión espiritual de las cosas captar todos los
hechos en su sentido espiritual; tener una postura espiritual.
Cabe recordar aquí “El coloquio de Córdoba” en 1979 que reunió entre sus
participantes a Karl Pribam, a David Bohm, a Fritjof Capra, a costa de
Beauregerd y al premio Novel Brian D. Josepson entre otros físicos, además de
personalidades eminentes especialistas en diversas filosofías y tradiciones
orientales. Este coloquio fue un encuentro entre “la dos lecturas del
universo”, el enfoque científico y la experiencia espiritual, comprobándose la
progresiva aproximación que se está produciendo en el mundo de la ciencia y en
el mundo del espíritu (En Ferguson, 90:209)
Más recientemente, en Mayo de 1993, se realizó en Luxemburgo, la Primera
Conferencia Internacional Yoko Bunmer (Civilización de la Luz Positiva) que
reunió personalidades de renombre;
religiosos, científicos, médicos, etc. desarrollándose una magna deliberación sobre
el tema de: “El deber de la humanidad”. En esta conferencia se señalo la
necesidad de “profundizar la mutua hermandad, la conciencia del gran deber
hacia el futuro de la humanidad, llegando
al mutuo consentimiento de unir brazos y cooperar para vencer el peligro de la
humanidad sobre la tierra”. Se planteó que para solucionar los problemas
económicos, culturales y del medio ambiente, no es suficiente la unificación
económica. Primeramente deberá lograrse la unificación espiritual. Logrando
aclarar el mundo espiritual, por primera vez vendrá a cambiar el mundo de los
fenómenos. Asimismo se difundió al mundo el principio de la civilización Yoko: “Espíritu
Principal, Mente Obedece, Cuerpo Depende”(Oshienushisama 93, 5)
Karl Pribam va más allá ya que plantea que un autentico científico debe
estar dispuesto a defender el espíritu tanto como los propios datos que lo
apoyan “Ese es el concepto original de la ciencia; la búsqueda de la
comprensión” (citado por Feguson 1990: 208)
Los
postulados fundamentales: el Yo Verdadero, la trascendencia altruista y la
unidad.
Sobre la identidad del ser humano
nos dice Maslow:
Si tratamos de definir los aspectos más profundos, más auténticos y con
mayor base constitucional del verdadero sí mismo, de la identidad o de la
persona auténtica, nos encontramos con que si queremos ser amplios, debemos
incluir no solamente la constitución y el temperamento de la persona, no solo
los datos de la anatomía, la fisiología, la neurología y la endocrinología, no
solo sus capacidades, su estilo biológico, no solo sus necesidades instintivas
básicas, sino también los valores B, que son también sus valores B (Maslow
82:183)
...La definición plena de la persona o de la naturaleza humana, debe,
pues incluir los valores intrínsecos como parte de la naturaleza humana, y la
voluntad activa hacia la salud, el impulso hacia el crecimiento o hacia la
realización de las potencialidades humanas existentes en prácticamente todo ser
humano (Maslow, 73:39)
... Y si todo es así –señala Maslow- entonces nuestra actitud hacia lo
real, o por lo menos hacia la realidad de la cual tenemos atisbos... ya no
puede ser solo un `calmo` sentimiento puramente cognoscitivo, racional, lógico,
desvinculado y falto de compromiso. Esta realidad moviliza también una
respuesta cálida y emocional, una respuesta de amor, de devoción, incluso de
experiencias cumbres. En su mejor aspecto, la realidad no es solo verdadera,
ordenada, integrada, etc.; es también e igualmente buena, bella y digna de amor
(Maslow, 82:193)
Y
en palabras de Moustakas respecto al campo educativo y reeducativo podemos
decir que:
El individuo nace dotado de una integridad personal que puede ser
sofocada y debilitada pero nunca completamente destruida. En la medida en que
esta naturaleza intrínseca del individuo sea estimada, alimentada y cultivada,
la persona mantiene su integridad, las cualidades intrínsecas se hacen más
diversificadas y llevan a la originalidad en la actitud ante todos los puntos
significativos cruciales humanos. Aunque escondida, la naturaleza intrínseca de
cada individuo condiciona el carácter de su crecimiento y desarrollo
(Moustakas, 78:15)
La tendencia altruista
Siguiendo a Frankl podemos decir que el interés
primordial del ser humano es “conseguir una concepción del mundo a partir de la
cual la vida tuviera sentido” y que la pregunta del sentido de la vida, viene
provocada no solo por la frustración de las necesidades inferiores sino
también, obviamente, por la satisfacción de dichas necesidades, por
ejemplo en el marco de la “sociedad de la opulencia”. Este autor plantea la
hipótesis de que “la voluntad de sentido es una motivación sui generis,
que ni puede reducirse a otras necesidades ni puede derivarse de ellas (aspecto
empíricamente demostrado por Crumbaugh y Maholick y, respectivamente, por
Katochril y Planova” (Frankl, 80:17)
Para Frankl “El hombre sólo es capaz de autorealizarse en la medida en
que cumple un sentido, y cuando se frustra la voluntad de sentido, el principio
del placer (voluntad de placer) se convierte en una motivación neurótica”
(Frankl 80: 83-84) llamando la atención sobre el hecho de que la frustración
existencial puede expresarse bajo la forma de sintomatología neurótica (Frankl
80:12)
Para este autor, la autotrascendencia de la existencia humana es
fundamental desde el punto de vista antropológico, ya que, la existencia humana
fracasa, a menos que se viva en términos de
trascendencia hacia algo más allá de sí mismo (ego) propiamente hablando
sólo puede realizarse en la medida que se olvida de sí mismo, en que se
pase por alto a sí mismo (Frankl, 80:17)
Agrega Frankl que esta percepción de sentido no puede darse sino debe
descubrirse. Este sentido puede descubrirse pero no inventarse. Lo
que se inventa es un sentido subjetivo, un mero sentimiento o un contrasentido
(enajenación) con lo que se corre el
peligro de pasar por alto el verdadero sentido, las autenticas tareas que nos
esperan fuera, en el mundo. Por otra parte, el sentido no sólo debe sino que
también puede encontrarse, y a su búsqueda guía el hombre la conciencia que
es un órgano del sentido.
Podría definírsela como “la capacidad de rastrear el sentido único y
singular oculto en cada situación” (Frankl, 80:29-31)
Sobre
el sentido altruista dice Romero que es “la utilización de nuestros propios
recursos y de otros recursos humanos y materiales para apoyar el desarrollo de
otras personas (...) quien detente poder altruista no se preocupa en buscar
personas sobre quien ejercer dominio o control. Las personas acuden a él o ella
buscando recibir una influencia positiva... el poder altruista implica el
crecimiento cuando significa desprendimiento, bondad, sabiduría... (Este) es un
indicador seguro de crecimiento y autorrealización. (Romero, 91: 52-53)
La unidad como postulado fundamental:
La
psicología, intentando determinar las características del bienestar
psicológico, concuerda en que la salud está asociada con la unificación
armoniosa de la persona en su interior y con su medio ambiente (enfoque
holístico) y que la clave de ésta pareciera residir en el estudio mental
positivo libre de conflictos. Dice Moustakas: “el postulado fundamental no es
el conflicto sino la unidad” (Moustakas, 78:26)
Y
Martín Buber concuerda con lo anterior al plantear que “el componente de unidad
o totalidad queda reflejado en toda situación viva. Cuando un individuo se hace
persona real posee un tipo de experiencia integra y unitaria; existe plenitud y
variedad. La unidad misma, unidad de la persona y unidad de la vida vivida,
debe ponerse una y otra vez de relieve. Solamente a través de esta unidad
personal puede brotar la unidad de la especie humana” (Buber en Moustakas,
78:25)
Implicaciones educativas y reeducativas.
“La salud de una nación depende de la disciplina y el altruismo de todos
sus conciudadanos. La salud moral, espiritual y la salud física forman un todo
inseparable”.
Este fue el manifiesto de los médicos reunidos en Interlaken, Suiza en
1938, en el I Congreso en pro del Rearme Moral y Espiritual de las Naciones.
(En Tournier, 46,:187)
Para
Frankl:
“Quien no tiene siempre en cuenta y desde el primer momento, y sin
desviaciones, incluso en la fase crítica, lo positivo, la totalidad, sana y
entera, el hombre concreto, con su figura oculta y no se dirige a él
internamente, este tal ignora lo que resulta decisivo en toda terapéutica
orientadora” (Frankl, 80:55)
La tarea del terapeuta consiste entonces para el enfoque psico-espiritualista,
en enseñar a los hombres las leyes espirituales, mentales y físicas de la vida
sana. Esta concepción de la terapia hunde sus raíces en las antiguas
tradiciones, tanto de oriente como de occidente, considerándose la salud como
un estado armónico y a la enfermedad, como una ruptura del equilibrio entre el
hombre y las leyes de la creación y entre el hombre y los mecanismos de la
naturaleza. Se señala que no es posible romper este equilibrio sin peligro para
la salud física y mental, sin embargo, la civilización en su búsqueda del
excesivo bienestar material tiende incesantemente a anularlas.
Dice Fromm que:
Para saber lo que es bueno o malo para el hombre, debe conocerse
primero la naturaleza del hombre y contemplarlo en su integridad física y
espiritual…
La persona mentalmente sana es la persona productiva y no enajenada; la
persona que se relaciona armoniosamente con el mundo y que emplea su razón para
captar la realidad objetivamente; que se siente a sí misma como entidad
individual única, y al mismo tiempo se siente identificada con su prójimo; que
no está sometida a una autoridad irracional y acepta de buena voluntad la
autoridad racional de la conciencia y la razón; que está en proceso de nacer
mientras vive, y considerar el regalo de la vida como la oportunidad más
preciosa que se le ofrece (Fromm, 77:228).
Por consiguiente, se plantea que la más alta tarea que le cabe realizar
al terapeuta y al educador es la de ayudar a los hombres a discernir
correctamente y a reformar su vida, a rectificar su mentalidad a favor de la
armonía, del altruismo, de la gratitud integral y del perdón.
Para Tournier:
Lo que importa es la actitud y el talante con que una persona sale al
encuentro de un destino inevitable e inmutable. Solo la actitud y el talante le
permite dar testimonio de algo de lo que solo el hombre es capaz de transformar
y remodelar el sufrimiento a nivel humano para convertirlo en un servicio
(Tournier, 46:34).
Las terapias derivadas de estos enfoques están íntimamente vinculados
con esta posición frente a la existencia, enfatizando la importancia de los
factores positivos de la experiencia humana, su “lado iluminado”, destacando
las direcciones y las metas superiores de la vida: utilizando técnicas
directamente destinadas a alcanzarlas.
Los
valores a descubrir
El mensaje implícito es que hay valores conducentes a una vida con
expresiones y vinculaciones más ricas y profundas. De ahí que los enfoques
tradicionales no preparen para hacer frente a un mundo estático o constante,
sino que, por el contrario, para ellas reviste cada vez más importancia la
capacidad para producir cambios dentro de sí mismo.
Para Maslow la “vida valorativa” está íntimamente vinculada con la salud
humana:
Los valores intrínsecos son de naturaleza instintiva, es decir que son
necesarios: a) para evitar la enfermedad, y b) para lograr la plenitud cabal
del crecimiento de la condición humana. Podemos llamar metapatologías a las
“enfermedades” resultantes de la privación de los valores intrínsecos (metanecesidades).
Los valores “supremos”, la vida espiritual, las supremas aspiraciones de la
humanidad son, por consiguiente, temas adecuados para el estudio y la
investigación científica. Pertenecen al mundo de la naturaleza. (Maslow y
otros, 82:182-183).
Para Maslow no solamente las privaciones de las necesidades primarias
deben considerarse “enfermedades por carencia” en el sentido clásico, sino que
esta clasificación también puede aplicarse a lo que él llamo metapatologías; es decir, los que se
han considerado padecimientos espirituales, existenciales. A estos les llama
enfermedades por carencia.
La perdida de las satisfacciones, de las necesidades básicas de
seguridad y protección, de
pertenencia, de amor, de respeto, de autoestima, de identidad y de autorrealización,
producen padecimientos y enfermedades por carencia. Tomados en conjunto, estos
padecimientos podrían considerarse como neurosis y psicosis. Sin embargo, las
personas básicamente satisfechas en sus necesidades, autorealizantes y con
metamotivos tales como la verdad, la bondad, la belleza, la justicia, el orden,
la ley, la unidad, etc. Pueden sufrir privaciones en el nivel metamotivacional,
La carencia de satisfacciones metamotivacionales, o de estos valores, produce
lo que he descrito como metapatologías generales y específicas. (Maslow, 73:
36-37).
En consecuencia:
Las técnicas terapéuticas y el diagnostico en profundidad tienen que
descubrir también, en última instancia, las mismas metanecesidades, porque
paradójicamente nuestra “naturaleza suprema” es también nuestra naturaleza más
profunda. (Maslow 82:88).
Ya en 1946, la terapia espiritualista en el campo medico señalaba la
importancia de un eje espiritual de la vida, planteando que la manera de vivir,
la actitud moral juega un papel considerable en los disturbios orgánicos y
mentales, cuya solución real sólo se halla en el terreno espiritual.
Sin embargo, “si se interroga al paciente sobre el comportamiento en su
familia, la persona no ve enseguida la relación que puede existir entre esas
preguntas y el mal que le aqueja. Y si se somete al tratamiento técnico que se
le prescribe, no sigue de tan buen talante los consejos que este le da sobre su
modo de vida. Y aún más confía en que la medicina, gracias a sus progresos
técnicos podrá dispensarle de corregir su vida. Confía seguir viviendo al son
de sus caprichos y de sus pasiones y espera que alguna píldora maravillosa le
libre de sus molestas consecuencias. El médico, por el contrario se da cuenta
que el desorden de la vida de los hombres tienen en jaque al progreso técnico
de su arte…” (Tournier, 46:21).
El
cambio de actitud respecto a los síntomas y dificultades
En base al conocimiento de la continuidad entre lo normal y lo
patológico, de la transición existente entre la reacción de defensa del
organismo sano y el síntoma patológico del organismo perturbado, hay claridad
en que numerosos síntomas aparecen como “reacciones normales y sanas” de
defensa y que su función es el equilibrio vital. Por lo tanto el mismo término
de “enfermedad” está siendo cuestionado. Tournier plantea que lo anormal sería
precisamente que el organismo no se defendiera, y que por consiguiente “hay
afecciones útiles a la salud” pues cumplen su misión de eliminar toxinas del
organismo, así como de “advertencia” de la necesidad de rectificar faltas de
vida que comprometen la existencia, en consecuencia, y por la interrelación
entre lo espiritual, lo mental y lo físico, la curación va a depender en gran
parte cambio radical en la actitud vital
y a su vez la resistencia a las enfermedades estará directamente vinculada con
la calidad de vida en sentido espiritual. (Tournier, 46:21-24).
Los estudios sobre las actitudes implicadas (especialmente las morales)
en diversas “enfermedades”: cáncer, artritis, asma, enfermedades cardiacas,
digestivas y respiratorias; en las patologías Psico-corporales, etc. Muestran
que no podemos separar lo físico de lo mental y lo espiritual. El tratamiento
de los síntomas aislados, propios de la medicina sintomática rara vez consigue
aliviar la afección y casi nunca trata los procesos internos subyacentes que
son su causa real. Los síntomas pueden desaparecer por un tiempo, pero lo más
probable es que no haya cambios en la matriz profunda de la perturbación; pues debe haber una cura desde adentro.
Seguramente, el día de mañana los historiadores se asombraran de la
herejía que cometimos en las últimas décadas, al dejar de lado el espíritu, en
nuestro esfuerzo por curar el cuerpo. Hoy en día, la mayor parte de los
psiquiatras y muchos psicólogos han llegado a suponer que prácticamente todas
las enfermedades, sino es que todas
sin excepción, pueden considerarse psicosomáticas u organísmicas. Esto es, si
se investiga una enfermedad “física” con la suficiente profundidad, se
encontraran inevitablemente variables intrapsíquicas, intrapersonales y
sociales que también están involucradas como factores determinantes. (Maslow,
73:36)
…podemos hablar de personalidad propensa a los accidentes así como
también de medio ambiente fomentador de accidentes (…) incluso un hueso
fracturado es psicosomático. (Maslow, 73:36).
De lo anterior se desprende que a diferencia de la cura sintomática, la
terapia espiritualista no consiste en “curar” al enfermo de su síntoma, sino en
obrar como un despertador de conciencia
y en un entrenador de hombres integrales
buscando con ello el avance hacia la verdadera curación en base a la
transformación personal.
En palabras de Frankl: “lo que normalmente se considera patógeno es, en
realidad patognómico, es decir, no es tanto la causa como la señal de una
enfermedad” (Frankl, 80:48).
El querer desconocer la raíz espiritual de todas las cosas y continuar localizando
unilateral y exclusivamente las fuentes
de la perturbación en lo psíquico equivaldría a una falsa localización (Frankl,
80:57-58) planteándose en la terapia debe dejar de ser sintomática y no
preocuparse gran cosa del síntoma, sino que volcarse sobre la persona del
paciente., hasta el punto de que lo que debe intentar es un cambio de la actitud del paciente respecto
del síntoma. Este es el caso de la logoterapia que no se dirige al síntoma,
sino lo que intenta es provocar un cambio de actitud, una modificación personal
respecto del síntoma (frankl, 80:61), comprobándose en la experiencia terapéutica
que para solucionar un síntoma lo único que seguirá no pocas veces es disolver la
atención focalmente centrada en dicho síntoma (Frankl, 80:74).
Respecto a los síntomas plantea Fagan que en la terapia, a) no es
suficiente aclarar cuáles son los síntomas que deben eliminarse y también hay
que descubrir cuál es el funcionamiento positivo deseado. b) Es preciso
especificar cuáles son los sistemas interconectados más importantes y tratar de
reducir al mínimo su desorganización y c) si la desorganización de los sistemas
es inevitable, el terapeuta debe aclarar por qué valores opta ya que:
Con pocas excepciones, los síntomas representan una fuerza positiva, no
solo negativa. En su mayoría, ya se trate de síntomas clínicos, individuales o
sociales, y aun cuando sean dolorosos, molestos o impliquen mucho tiempo
perdido, señalan que hay intersecciones que es menester separar si no se quiere
que se produzcan mayores prejuicios. Al tratar de modificar un síntoma debemos
echar siempre una mirada al sistema global para ver si aquel está justificado…
los síntomas pueden tener, además, un valor positivo… (Fagan, 70:103)
Señala esta autora que si tratamos de determinar cuáles son los aspectos
sanos de una pauta sintomática podremos saber con mayor con mayor claridad que
es lo que debe quedar tal como está y especificar cuál ha de ser la conducta
sustitutiva de las dificultades sintomáticas y que las metas deben ser de valor
positivo ineludiblemente.
Fagan señala que el crecimiento y el cambio producen inevitablemente
trastornos en los sistemas y que a veces, “el grado de trastorno producido en
los sistemas interrelacionados, o de la presión que ejercen para obligar a
retornar a estados previos, es un índice del cambio experimentado” (Fagan,
70:104-105).
Y refiriéndose al análisis
existencial dice Frankl:
Lo que hace en realidad (el psicoanálisis) cuando alcanza su efecto
terapéutico, es aportar una modificación existencial en el paciente… es
evidente que una modificación existencial… desborda los límites de los procesos
meramente intelectuales, racionales dado que afecta a las raíces emocionales,
esto es, dado que pone en marcha un proceso total, plenamente humano. No es…
tan evidente que la modificación existencial se sustraiga necesariamente a todo
método y a toda técnica; pero… en el ámbito de la psicoterapia, lo que menos
importa es el método o la técnica empleados en cada caso. (Frankl, 80:50-51)
ANTECEDENTES
DEL ESTUDIO DE LA MENTALIDAD HUMANA
Sucede que al definir el
objeto de una disciplina… se define al mismo tiempo y de un solo golpe que
se habrá de estudiar y también cómo se abordara ese objeto.
(Braunstein75:22).
La trayectoria histórica del estudio de la realidad psicológica humana
muestra que, en Occidente, este se remonta a la filosofía aristotélica que se
refiere a la “psikes” como forma organizadora de la materia haciendo
equivalente este concepto con el de espíritu o principio vital.
A
partir del siglo XVIII comienza a haber preocupación por conocer
científicamente la estructura de la mente, su funcionamiento, la adquisición de
ideas y conocimientos, su relación con el cuerpo, etc. En Alemania Wundt busco
experimentalmente obtener información sobre las ideas, sentimientos y actos
intencionados considerados los elementos subjetivos objetivables de los
procesos mentales básicos: sensación, sentimientos y volición. La unidad de
estos procesos fue denominada conciencia y su estudio, se pensaba, permitiría
conocer el proceso consciente de la mente y sus leyes. El factor unificante del
proceso mental fue considerar a la percepción mediante la cual se produce la
asimilación de la información y su síntesis en la conciencia; el sentimiento
era considerado como la reacción ante un contenido sensorial y la volición como
la respuesta activa.
Posteriormente los estudios se centraron en la evaluación mental, por
ejemplo los test de inteligencia (Binet y Simón), en el estudio psicoanalítico
de la parte inconsciente de la mente humana, su estructura y dinámica profunda,
así como sus perturbaciones (Freud y sus discípulos), y en la adquisición de
hábitos (James).
Paralelamente las investigaciones de la corriente conductista fueron
obteniendo información sobre los reflejos condicionados. (Pavlov) el aprendizaje
emocional por asociación (Watson), el papel de los reforzadores ambientales en
el aprendizaje condicionado (Skinner) y el modelamiento social (Bandura).
Igualmente la corriente guestaltista desarrolla sus investigaciones sobre la
organización mental -en tanto más que la suma de sus partes- a través de sus
estudios sobre la percepción y sus leyes, así como sobre el aprendizaje por
discernimiento (Whertherimer, Kofka y Kôler)
y sus aplicaciones en la psicoterapia (Perls y sus discípulos).
A
partir de la segunda mitad del presente siglo se comienzan a estudiar aspectos
asociados con la salud, los potenciales mentales superiores y la motivación, y
su papel en la evolución humana (Maslow) y sus aplicaciones a la psicoterapia y
educación (Rogers). Simultáneamente los estudios sobre el desarrollo mental,
nos da información sobre el proceso a nivel cognoscitivo (Piaget) afectiva
(Erikson) y volitivo (Ogeltree).
A
continuación hubo una proliferación de una serie de corrientes y/o escuelas
psicológicas, a veces opuestas entre sí, a veces semi-integradas que sin duda
enriquecen el estudio de la mente humana, pero que también contribuyeron a
provocar una evidente fragmentación de dicho objeto. Durante la segunda mitad
de este siglo sin embargo, se ha venido produciendo una integración de las
diferentes corrientes teóricas determinado una redimencionalidad del objeto
psicológico.
Actualmente, como se analiza, más adelante, se ha venido produciendo una
convergencia no sólo al interior de la propia psicología, sino también de tipo interdisciplinario hacia
una perspectiva más holística e integral de las manifestaciones humanas, así
como del desarrollo individual y socialmente considerado, afirmándose que:
Desarrollo social y desarrollo individual no pueden darse de manera divorciada…
una sociedad sana debe plantearse, como objeto ineludible, el desarrollo
conjunto de todas las personas y de toda persona.
(CEPAUR, 86:58).
Esta influencia se manifiesta en una disminución de las fronteras
temáticas y por lo tanto de una mayor integración entre los estudios del
desarrollo humano, la salud y la educación.
Mentalidad
y medio ambiente
Para Merani y
Merani, las estructuras mentales se corresponden estrechamente con las
estructuras sociales. Señalan que “La eclosión de razonamientos analógicos en
gran número de personas, bajo la presión de circunstancias analógicas –y que en
ocasiones se llama pensamiento colectivo es lo que aquí simple y llanamente
llamamos “mentalidad”. Ellos señalan que “las estructuras sociales y sus
instituciones poseen un contexto psicológico que de alguna manera se proyecta
en el pensamiento y lengua de los hombres que lo viven” (Merani A. y S. 71:146)
y que “A igualdad funcional de los procesos mentales, la mentalidad y la acción…
corresponderá a los niveles mentales y práxicos del medio (capacidad
gnossicopráxica)”. (Merani A. 80-52).
Asimismo, para Friedman la mentalidad de los individuas de un grupo humano
es inseparable del conjunto de sus condiciones de existencia y en particular “del
estado de los conocimientos, las técnicas y el lenguaje que disponen para
expresarse”. (Friedman, 7:29). Para este autor el examen de la transformación
del medio, en particular la transformación del “medio natural” en un “medio
técnico”, pone de manifiesto cómo al participar en estos fenómenos de
civilización, por esencia internacionales, que llevan vivencias y ecos de todo
el mundo, (…el sujeto) entra también en relación con un universo que le penetra
cada vez más y profundamente. En medio de esta oleada de imágenes y de
impresiones su mentalidad difícilmente podría quedar inmutable”. (Friedman,
73:61).
Para Mesarovic y Pestel los cambios económicos sólo son posibles si
ocurren cambios fundamentales de los valores y actitudes del hombre como una
nueva ética y una nueva actitud hacia la naturaleza (en Fromm, 80:27); Maslow
llama “rasacralización” a esa capacidad recobrada de “ver lo sagrado, lo
eterno, lo simbólico” (Maslow, 73:61).
Mentalidad
humana
El
hombre es un interpretador
De
la vida.
(A.
Adler)
La educación, en tanto proceso de formación y desarrollo de mentalidades
–tanto formal como informalmente- es una de las determinantes del moldeamiento de
la forma de percibir y reaccionar frente a la realidad. Cada persona bajo la
influencia, entre otras instituciones de la familia y la escuela va
estructurando una mentalidad. Se trata de un aprendizaje tanto a nivel
individual como social, que ha sido amplia y profundamente estudiado por la
psicología y otras disciplinas.
Freud y sus discípulos estudiaron el aspecto dinámico inconsciente de la
estructura mental; las etapas evolutivas y sus disturbios. Mead, Benedict y
Fromm investigaron la relación entre la cultura y la estructura psíquica,
Erikson las etapas desde el punto de vista psicosocial; Bandura y Walters el
papel de los modelos sociales; Piaget estudió el desarrollo mental en su
aspecto cognoscitivo, Kohlberg y Mayerel desarrollo moral; Maslow por su parte,
se centro en los niveles superiores –suprasanos- de la motivación y
comunicación, en tanto Rogers en los aspectos terapéuticos y educativos del
proceso de convertirse en persona total. Wallon, Merani y Friedman, se
interesaron por la interacción psiquis-medio en el proceso de conformación y
evolución de las mentalidades en el aspecto psicológico de los dos primeros, y
en el aspecto socio-técnico el tercero.
Un Intento de definición
De tal manera que aproximándonos a una definición de mentalidad diríamos
que:
La mentalidad constituye la síntesis dinámica y viviente de cada
sociedad. Dinámica lo que es en grado superlativo porque, inmanente a cada uno
de sus miembros, determina sus conductas
y sus pensamientos. Al propio tiempo gobierna
sus creaciones, puesto que es en relación a ella que se plantean sus
problemas y sus preocupaciones. (Bouthoul, 71:11).
En este trabajo vamos a caracterizar la mentalidad, como a la estructura
psicológica y organización particular y compartida de los procesos psicológicos
humanos (cognoscitivos, afectivos, volitivos) que permiten actuar con relativa
consistencia, sin deliberación y selectivamente frente a situaciones contingentes.
Es decir, por mentalidad entendemos el modo habitual de pensar, sentir y actuar de una persona ante las situaciones que se
presentan cotidianamente. El concepto básico del individuo en relación a la
vida y a sí mismo, la óptica o perspectiva de una persona es básico en la forma en que asume su vida.
Sin embargo, estamos claros que la mentalidad constituye una realidad empírica que es resultado, en
su gran parte, de un conjunto de procesos intrasubjetivos profundos no
conscientes, que tienen lugar en el seno de una estructura no visible, como lo
ha demostrado claramente el psicoanálisis.
Estamos de acuerdo con que:
Existe otra realidad, la
realidad psíquica, que es el escenario de esta sórdida lucha entre el deseo
infantil, los procesos de represión y la formación de producciones transaccionales
o formaciones del inconsciente. (Braunstein, 75:61).
Sin embargo, en este trabajo nos vamos a referir solamente a la realidad
empírica –mentalidad- sin por ello desconocer la presencia fundamental de los
mecanismos y procesos inconscientes subyacentes.
Toda persona posee un sistema mental de referencia -consciente o inconsciente- conformado por
creencias, valores, necesidades e intereses, expectativas en juego que
interactúan orientando sus percepciones
y sus modos de responder ante lo que sucede; de tal manera, existe una infinita
diversidad de modalidades que asume el sistema mental individual en la relación
con la realidad exterior, lo que hace diferir ampliamente a las personas entre
sí.
La psicología concuerda en que la necesidad intensa de este sistema de
orientación forma parte intrínseca de la existencia humana. Es decir, que los
seres humanos son semejantes en compartir una común necesidad de referencia implícita
o explícita y que la forma de reaccionar de una persona frente a las
situaciones que se le presentan cotidianamente, va a estar determinada, en gran
parte, por la manera habitual como percibe e interpreta dichas situaciones. El
conjunto de sentimientos, pensamientos y actos; las necesidades y expectativas en
juego, tanto conscientes como inconscientes, interactúan configurando un sistema mental determinado tanto en un
plano individual como colectivo; y este “sistema mental” –denominado aquí mentalidad- se va a manifestar siempre
en actitudes y conductas concretas
frente a situaciones contingentes.
La forma y contenidos particulares de un sistema de orientación pueden
diferir ampliamente, y estas diferencias de valor, dependen de la “naturaleza
moral” del individuo. En este conjunto caracterológico de maneras habituales de
reaccionar, subyace una valoración positiva/negativa en relación con las
normas. Según Fromm “las diferencias en las maneras habituales de reaccionar (carácter)
constituyen el verdadero problema de la ética; ellas son la expresión del grado
en que un individuo ha tenido éxito en el arte de vivir”. (Fromm, 73:64).
Sin embargo, la psicología ha demostrado también que si bien los seres
humanos son semejantes porque comparten una común necesidad de un marco mental
de referencia y orientación, son, también, únicos por el modo específico y
singular con que resuelven este problema. De hecho, una característica de la
situación humana, es la infinita diversidad de formas que asume la mentalidad,
que hace cada ser humano único: son las “variaciones subjetivas de la
mentalidad” (Merani).
Todo sistema de orientación satisfactorio no se integra únicamente con
elementos intelectuales, sino también con elementos sentimentales y sensoriales
realizables en la acción, en todos los terrenos de la actividad humana. (Fromm,
73:61).
La mentalidad humana no puede ser comprendida a menos que se considere
el hombre en su totalidad. La comprensión de la mentalidad debe partir de la
comprensión de la situación humana, lo cual implica contemplar al hombre en su
integridad tridimensional física, mental y espiritual afirmando su verdadero yo
humano; e incluye su necesidad de hallar una respuesta al problema del
significado de la existencia y descubrir normas de acuerdo a las cuales debe
vivir en este momento de su historia.
La misma existencia tridimensional del hombre engendra necesidades que
transcienden las necesidades físico-materiales: una tendencia imperativa de
restaurar un estado de equilibrio y de unidad entre el mismo y el resto de la
creación con el pensamiento, constituyendo un cuadro mental incluso del mundo, que le sirve como referencia. Pero
tales sistemas de pensamiento no son solo intelectuales sino que comprenden
sentimientos y acciones (praxis) que le permiten orientar su vida momento a
momento. Este cuadro mental no se refiere únicamente al mundo externo; también
incluye la imagen de sí mismo. Esto implica que la conducta del ser humano debe
entenderse no solo en términos objetivos, sino que también, en base a sus
experiencias subjetivas: a su percepción del mundo; al marco de una referencia a
partir del cual la vida es vivida.
La mentalidad en tanto patrón de conducta característico
de un sujeto o de una colectividad, representa la forma particular en la cual
la energía es encauzada en el proceso de vivir.
Para Adler este concepto básico del individuo en relación a la vida
“cristaliza” en actitudes, las que a
su vez determinan un “estilo de vida” el cual está en función de las metas
psicológicas de la persona, y es el punto de partida en que está basado su
desarrollo. Para este autor los hombres dan significado a las situaciones de
acuerdo a sus fines o su estilo de vida. Lo que importa no es lo que uno ha
heredado, sino lo que hace con lo
que tiene. Por otra parte, las experiencias felices o desgraciadas no influyen
en la vida de uno por su mero acontecer, sino a través del significado que uno
les atribuye. No son las experiencias las que determinan el curso de la acción
sino las conclusiones que sacamos de ellas. (En Wolman, 78:345)
Genéticamente, la formación del marco perceptual de referencia de un
individuo se determina por el efecto de las experiencias vitales –individuales
y sociales- sobre el temperamento y la constitución individual. El hombre
aprende a reaccionar de un modo semiautomático; construye sistemas de hábitos,
de pensamientos, de sentimientos y de acción característico -su “estilo de vida”- a partir de estrategias particulares,
que el individuo desarrolla para adaptarse a las situaciones y lograr sus
metas. Construye, en síntesis su propia versión de la realidad a través de la
cual percibe el mundo.
El
cambio de la actitud mental
Nuestra causa es nueva, nuevo pues debe ser nuestro modo
de pensar y de actuar.
(A.
Lincoln)
El “sistema de referencia característico” para percibir la realidad, y
actuar sobre ella, pasa a estar profundamente arraigado a la persona y es
resistente a ser modificado; solo se modifica si se produce un cambio profundo
en la persona, derivado del conocimiento de uno mismo, de nuestras experiencias
y el deseo profundo de cambiar (aprendizaje).
En el caso de la relación interpersonal y del aprendizaje, la actitud de
las personas es factor preponderante –junto a las habilidades y destrezas
específicas- en la realización de actividades y logro de objetivos. Las
actitudes positivas favorecen el
aprendizaje; las actitudes negativas lo obstaculizan. Por esta razón el cambio
hacia la positivación de las actitudes se transforma en uno de los primeros
objetivos a lograr en el proceso educativo.
El deber ser educativo, en tanto proceso de formación, está directamente
involucrado en el problema de la mentalidad humana; es propósito fundamental de
la educación el cambio de patrones conductuales orientados hacia cada una mayor
productividad; cambio que se entiende como el aprendizaje de una nueva mentalidad. De tal forma que el poder definir lo que se
entiende por mentalidad sana y su
diferencia de la mentalidad perturbada se torna en un objetivo prioritario.
La mentalidad se manifiesta siempre como un sistema coherente y más o
menos permanente de actitudes o pautas de conductas es decir, disposiciones o
tendencias a actuar, las cuales pueden ser conscientes o inconscientes;
explicitas o implícitas, positivas o negativas; de este modo la actitud y la
conducta serian reflejos más o menos fieles de la mentalidad. La mentalidad se expresa
en actitudes y entendemos por actitud la predisposición a reaccionar en forma bipolar
(positiva/negativa) frente a las situaciones cotidianas. Una definición clásica
al respecto considera a la actitud como “un estado de la mente de un individuo
respecto de un valor” (Allport en Dawes, 75:29); como una estructura mental que
incluye un núcleo afectivo o sensible (agradado/desagradado), elementos
cognoscitivos o creencias y un elemento conductual de activación o disposición
a actuar de un modo específico ante un objeto. (Whittaker, 77:241-246)
La actitud implica selección, categorización e interpretación de la
experiencia de acuerdo a las expectativas (Hollander, 76). Los “sistemas
actitudinales” son el resultado de lo que uno ha aprendido sobre varios
aspectos del mundo en los que se ha comprometido (Lindgreen y Bynne, 77:400).
Bajo el impacto de lo social, el temperamento –es decir el conjunto de
sus disposiciones originarias- se transforma en sistema mental de actitudes (también
llamado carácter) que se desarrolla por la obra de la vida de relación (Young y
Flugel, 72:17); en constructos que permiten explicar y predecir la conducta y
una vez evaluadas, ayudan a modificarla. (Whittaker, 77:237-238)
Una actitud implica una predisposición a responder frente a un objeto.
No se trata de una conducta efectiva sino latente o potencial hacia dicho
objeto, pero que produce consistencia en las manifestaciones conductuales. En
este sentido la actitud ha sido definida como un “síndrome de consistencia de
respuestas hacia objetos sociales” (Champhell en Summers, 63:96).
En resumen las tendencias actitudinales son disposiciones adquiridas que
conforman la mentalidad de una persona y que impulsan y orientan su conducta,
sus sentimientos, sus pensamientos acerca de algo. Son inclinaciones que resultan
de la suma total, subjetiva y personal, de percepciones, nociones, ideas,
convicciones acerca de algo. Las tendencias actitudinales están asociadas al
conjunto de creencias y valores que tienden a justificarlas. Son pautas de
conducta respecto a, y movilizadas por valores. Se definen como positivas o
negativas; es decir, son predisposiciones a comportarse de un modo particular
de acercamiento o rechazo en relación a algo. Se expresan verbalmente y
simbolizan mediante las opiniones y aseveraciones.
La forma de reaccionar de una persona ante las situaciones que se
presentan cotidianamente va a estar determinada, en gran parte, por sus
actitudes; es decir por la manera como orienta su percepción frente a dichas
situaciones; y con ello, su propia versión de la realidad.
Desde el punto de vista de la adaptación, la configuración actitudinal
es factor de salud o perturbación conductual. La configuración actitudinal
positiva se relaciona directamente con la salud, con la armonía, con la
productividad individual y grupal, en tanto que la configuración actitudinal
negativa se relaciona con la perturbación del equilibrio, el conflicto y la
improductividad. Las actitudes interactúan con relativa coherencia y
permanencia como parte de un sistema mental, que en este trabajo se ha
denominado mentalidad.
De tal modo que el cambio hacia la mentalidad positiva estará reflejado
en el cambio de las tendencias actitudinales de la persona hacia la totalidad de
su entorno. En este momento se abrirá para ella la posibilidad de
trascendencia.
SALUD Y PERTURBACIÓN MENTAL
Los
criterios de salud mental
Los estudios
sobre la salud mental señalan que este concepto implica la consideración de por
lo menos tres criterios importantes: social, individual y funcional, cada uno
de los cuales comprende conductas y características constituidas por
combinaciones de variables de rasgos deseables o indeseables, lo que determinan
el grado de salud y perturbación. Un programa integral debe considerar por
tanto, conductas positivas y negativas y cada una de ellas requiere un enfoque
diferente. (Brown 66:60-61). Los criterios sociales se ocupan de la conducta de
la persona, sus interrelaciones, contribuciones y apoyo a los grupos a los que
pertenece; y su grado de respeto a los códigos, leyes o ideales de su grupo
social.los criterios individuales se interesan por las personas en sí misma y
sus actitudes tales como la capacidad para ser feliz y soportar las tensiones
psicológicas internas, la aceptación de la responsabilidad individual, la
integración de la personalidad, la percepción de sí mismo, la autorrealización y
la trascendencia. Los criterios funcionales consideran la capacidad de las personas
para hacer frente y superar las dificultades externas e internas en forma
eficiente, productiva y madura. En un comienzo primaron los criterios sociales,
existiendo menor interés en los criterios individuales y funcionales; sin
embargo en épocas recientes el punto de vista holístico ha comenzado a integrar
los diversos criterios en una concepción más integral de la salud: como la
persona puede resolver sus conflictos, integrarse a su familia y a su trabajo
con armonía y eficiencia; ser capaces de valerse por sí mismo y también ser
altruista y ser feliz.
Cada uno de estos criterios de salud mental, asigna valores positivos y
negativos a las distintas conductas. La condición general de la salud mental de
una persona se determina por lo común evaluando el grado en el que exhibe conductas
típicas según los criterios que hemos mencionado. Se considera que posee características
positivas o negativas deseables, o indeseables; de este modo, las personas muy
perturbadas exhiben el mayor número de síntomas patológicos y el menor de
rasgos positivos deseables, en tanto que en los sanos las condiciones se
invierten, exhibiéndose un máximo de conductas valiosas y un mínimo
indeseables. (Bown 66:54-66).
La
evolución del concepto de salud mental
La evolución del concepto de salud mental nos muestra que este ha
variado históricamente y que cada una de las fases del conocimiento sobre este
tema se ha fundido e integrado en la siguiente fase, pero nunca ha desaparecido
en forma total. Desde la centración de los estudios en los factores genéticos o
ambientales en el tratamiento/prevención de las perturbaciones mentales graves,
consideradas independientes u obscuramente asociadas con los aspectos
espirituales y físicos (Brown 66:50), se ha producido un cambio; un interés
creciente en la solución/prevención de los problemas conductuales cotidianos. A
su vez se ha ido reconociendo cada vez más la presencia de la integridad humana
bio-psico-espiritual en la consideración de la salud/perturbación, así como la
actuación conjunta –en mayor o menor grado- de los factores de la herencia y
del aprendizaje.
A
partir de la mitad del presente siglo se ha producido una nueva variación, un
creciente interés por no solo el tratamiento y prevención de los problemas sino
que por estimular y fortalecer los rasgos positivos de las personas, las
actitudes favorables hacia uno mismo, el crecimiento, la autorrealización, la
integración de la personalidad etc. (Jahoda en rown; 66:54-58). Más aun, el
interés se ha ido focalizando en elevar el desarrollo integralmente considerado
a niveles de “supersano” en la búsqueda del “funcionamiento humano óptimo”
(Maslow) y con ello de la felicidad y bienestar individual y colectivo en todos
los aspectos de la vida.
Para Parker y St. Johns el fin de la personalidad equilibrada es la sabiduría, el amor
y la armonía. Ellos definen la
sabiduría como “el fruto de una inteligencia equilibrada” el amor como “el
fruto de todo crecimiento emocional adecuado” y la armonía como “la relación
justa de un hombre socialmente maduro hacia el mundo en que vive”.
La
personalidad perturbada no se ha desarrollado, o ha sufrido una distorsión en
estos aspectos (Parker y St. Johns 75:162).
La salud integral puede ser caracterizada como un estado de bienestar, y
vigor de la unidad espiritual, mental y
física que constituye el ser humano. Por otra parte la salud así
considerada no puede desligarse de la armonía
en relación y comunicación interpersonal ni de la prosperidad material, entendida como ausencia de dificultades
financieras.
La salud holística no puede recetarse… Nace de una actitud: de la
aceptación, de la incertidumbre de la vida, de la voluntad de responsabilizarse
de los propios hábitos, de la manera de percibir y manejar las tensiones, de unas
relaciones humanas más satisfactorias, de la sensación, de la sensación de tener
un objetivo en la vida. (ferguson, 90:283)
Salud
mental y ética
Fromm plantea que “los juicios de valor que elaboramos determinan
nuestras acciones y sobre su validez descansa nuestra salud mental y nuestra
felicidad (Fromm, 73:10). Señala que es imposible comprender al hombre y a sus
perturbaciones emocionales e intelectuales sin comprender la naturaleza de los
conflictos de valor y de los conflictos morales.
…nuestro conocimiento de la naturaleza humana no conduce al relativismo
ético, sino que por el contario, nos lleva a la convicción de que las fuentes de
las normas para una conducta ética de encontrarse en la propia naturaleza del
hombre; que las normas morales se basan en las cualidades inherentes al hombre
y que su violación origina una desintegración
mental y emocional… la estructura el carácter de la personalidad integrada y
madura –el carácter productivo constituye la fuente y la base de la virtud y el
vicio, en último análisis, es la indiferencia hacia sí mismo ni el egoísmo sino
el amor por uno mismo, ni la negación de individuo sino la afirmación de su
verdadero yo humano, son los valores supremos… si el hombre ha de confiar en
valores, tendrá que concentrarse a sí mismo y conocer la capacidad de su
naturaleza para la bondad y la productividad. (Fromm, 73:19)
La neurosis misma es, un último análisis, un síntoma de fracaso moral
(aunque el ajuste no es en modo alguno un síntoma de triunfo moral). Un síntoma
neurótico es en muchos casos la expresión específica de un conflicto moral y el
éxito del esfuerzo terapéutico depende de la comprensión y de la solución del
problema moral de la persona. (Fromm, 73:10)
Maslow por su parte nos dice que: “…hemos llegado a un punto en el que
somos responsables de nuestra propia evolución. Hemos llegado a ser
autoevaluativos. Evolución significa selección y conscientemente elección y
decisión, y esto quiere decir valoración. (Maslow, 82:26)
Salud
mental y relación con el mundo
La revisión
bibliográfica nos llevo a seleccionar el modelo de Fromm como el que mejor
explica lo que se quiere tratar en esta parte del trabajo. La teoría propuesta
por Fromm considera como base fundamental a “los modelos específicos de la
relación de la persona con el mundo. En el proceso de su vida, dice el autor,
el hombre se relaciona con el mundo: 1) adquiriendo y asimilando objetos y 2) relacionándose
con otras personas y consigo mismo. Llama al primero el proceso de asimilación y al segundo, proceso de socialización. Los modos específicos de
relación con el mundo, de los cuales nacen los hábitos y opiniones
profundamente arraigados que son característicos de una persona, pueden estar
orientados productiva e improductivamente (Fromm 73: 71-73). La orientación
productiva se refiere a una actitud fundamental, a un modo positivo de
relacionarse en todos los campos de la experiencia humana. Incluye las
respuestas mentales positivas hacia los otros, hacia uno mismo y hacia las
cosas. La actitud positiva se guía por la razón, hace uso de sus poderes
únicamente si sabe lo que son, como usarlos y para que usarlos; anima lo que toca, infunde alma a cuanto le
rodea: tiene sus raíces en el amor por la vida (biofilia). Es ser, no tener; es
activa.
Por el contario la orientación improductiva se refiere a una actitud
fundamental negativa que tiene como creencias
básicas la dependencia, la explotación de los demás, la falta de
desprendimiento y la relación mercantilista oferta-demanda (ambos tipos de
orientación serán desarrollados en el punto mentalidad sana y perturbada)
Respecto a las relaciones interpersonales Fromm distingue las formas positivas de relación interpersonal
como el amor y las formas negativas de
interrelación como las relaciones basadas en el apego y la dependencia de otros,
en el rechazo y destrucción y en el narcisismo. (Ambas formas de relación son
tratadas en el tema mentalidad positiva y mentalidad perturbada)
Para Fromm tener o ser son dos modos fundamentales de relación de las fuerzas que
determinan los caracteres de los individuos y de los diversos tipos de carácter
social. Ser es: proceso, actividad,
movimiento, cambio, devenir; es vivir, permanecer activo, nacer, renovarse,
salirse de sí mismo, ser productivo. Tener
es: incorporar, consumir, devorar; permanecer atado al ego y a la egolatría.
Fromm (80:73). Los consumidores modernos pueden identificarse con la siguiente fórmula:
“yo soy lo que tengo y lo que consumo” (Fromm,
80:43)
En el modo de ser, la fe no
consiste en creer en ciertas ideas, sino que es una orientación interior, una
actitud (80:56). Citando a Eckhart dice Fromm que, en primer lugar, debemos
liberarnos de nuestras cosas y de nuestras acciones. Esto no significa que no
debemos poseer ni hacer nada, sino no
estar ligados, atados, encerrados a lo que poseemos y a lo que tenemos, ni aun
a Dios. (F 80:72): “Cualquier cosa puede convertirse en objeto de codicia…
cuando nos aferramos a ellos, cuando se vuelven cadenas que afectan nuestra libertad
e impiden nuestra realización” (Fromm, 80:72). Mientras que tener se basa en
algo que se consume con el uso, ser aumenta con la práctica… lo que se gasta no
se pierde, sino lo contrario, lo que se guarda se pierde… el peligro de perder
las cosas es inherente al tener (Fromm, 80:111).
Librarse del modo de tener es la condición de toda actividad genuina.
Citando a Eckhart dice Fromm: “… La virtud suprema es el estado de actividad interior
productiva, y la premisa es superar todas las formas de estar atado al ego y a
la conducta” Fromm, 80-74).
La premisa de Fromm es que sólo un cambio fundamental del ser humano, de
un predominio del modo de tener a un
predominio del modo de ser, puede salvarnos de una catástrofe psicológica y
económica. “Yo sostengo que el carácter humano puede cambiar si existen tres
condiciones: 1) Sufrimos y nos damos cuenta de ello; 2) reconocemos el origen
de nuestro malestar; 3) reconocemos que existe una manera de salvar nuestro
malestar y 4) reconocemos que para aliviar nuestro malestar debemos seguir
ciertas normas de vida y cambiar nuestra presente conducta. (…)… pero yo no
creo que puedan lograrse efectos durables en las personas que sufren de un
malestar general y que necesitan de un cambio de carácter, a menos que modifiquen su conducta de acuerdo
con el cambio de carácter que desean lograr” (Fromm, 80:160-161).
Fromm se refiere a la patología
actual de la normalidad (Fromm, 70: 48-49), una actitud pasiva que es el
síntoma del “Síndrome de la enajenación”: escaso sentido de su integración y su
identidad, conformismo, hedonismo; creciente separación entre el pensamiento y
el sentimiento, entre la mente y el corazón. La razón manera de la combinación
del pensamiento racional y el sentimiento, si se separan las dos funciones, el
pensamiento se deteriora y los sentimientos se desenvuelven en pasiones
neuróticas. La división entre pensamiento y afecto genera “la tendencia a
colocar el proceso técnico como el valor más alto, ligada no solo al énfasis excesivo
que consideramos al intelecto sino, y en una mayor medida, a una profunda
atracción emocional hacia lo mecánico, hacia todo lo no vivo, hacia todo lo
hecho por el hombre… lleva en su forma menos drástica, a la indiferencia hacia
la vida en lugar de a la reverencia por
la vida (Fromm, 70.51).
Además
Fromm señala la necesidad de certidumbre que hacen que el hombre actual crea en
ídolos y líderes que eliminan la duda y el riesgo de sus decisiones así como
deposita una confianza ciega e irracional en las decisiones de las
computadoras, Fromm señala la necesidad de “cambios psicológicos profundos en
el hombre como alternativa a una catástrofe económica y ecológica”, recordando
los dos informes emanados en 1975 por el club de Roma. Los informes concluyen
que:
Sólo unos cambios tecnológicos y económicos radicales de nivel mundial,
que se apliquen según un plan maestro, pueden evitar una catástrofe mundial
definitiva, y que estos cambios sí son posibles sí ocurren cambios fundamentales de los valores y las actitudes del
hombre como una nueva ética una nueva actitud hacia la naturaleza.
(Fromm,
80:27)
Tales
informes, según Fromm, confirman lo que otros afirmaron antes y después de que
fueran publicados:
Una nueva sociedad es posible sólo
si, en el nuevo proceso de desarrollarla, también se forma un nuevo ser
humano, o en términos más modestos, si ocurre un cambio fundamental de la
estructura del carácter del hombre contemporáneo (…) La necesidad de un
profundo cambio humano no sólo es una demanda ética o religiosa, ni solo una
demanda psicológica que impone la naturaleza patógena de nuestro actual
carácter social, sino que también es una condición para que sobreviva la
especie humana. Vivir correctamente ya no es sólo una demanda ética o
religiosa. (Fromm, 80: 27-28)
Fromm caracteriza al “hombre nuevo” quien tendrá las siguientes
cualidades en su relación con el mundo:
·
Renuncia a todas las formas de
tener, para `poder ser plenamente (relación, interés, amor, solidaridad).
·
Esta plenamente presente donde uno
se encuentra.
·
Siente la alegría que causa dar y
compartir, y no acumular y explotar.
·
Ama y respeta la vida en todas sus
manifestaciones, sabiendo que la vida y todo lo que contribuye a su desarrollo
es sagrado.
·
Reducción máxima de la codicia, el
odio y los engaños.
·
No adora ídolos.
·
Desprendimiento del narcisismo y
aceptar las limitaciones de la existencia humana.
·
Hace del pleno desarrollo del sí
mismo y del prójimo la meta suprema del vivir.
·
Disciplina y respeto de la
realidad.
·
Imaginación no como escape, sino
para anticipar las posibilidades reales.
·
No engaña ni dejarse engañar.
·
Conocerse en profundidad.
·
No somete, explota, viola,
destruye, sino que en vez de eso, comprende y coopera con la naturaleza.
·
Libertad no arbitraria, sino
equilibrada.
·
Es feliz en el proceso de vivir
cada día.
(Fromm,
80:162-163)
Para Fromm las condiciones del
tratamiento de la patología individual y social son principalmente las
siguientes:
1. El hecho de sufrir, ya sea consciente o inconscientemente, resultado de
la ausencia de un desarrollo normal, produce una tendencia dinámica a vencer el
sufrimiento, es decir, a cambiar en dirección a la salud. Esta tendencia hacia
la salud es la base de todo tratamiento de la perturbación, es común a todos
los seres humanos y está ausente sólo en los casos patológicos más graves.
2. El primer paso necesario para
permitir que opere esta tendencia hacia la salud es tener conciencia del
sufrimiento y de los que está separado y disociado de nuestra personalidad
consciente. La represión afecta a todas las pasiones irracionales reprimidas, a
los sentimientos reprimidos de inutilidad y aislamiento, y al anhelo de amor y
de productividad que también son reprimidos.
3. La creciente autoconciencia solo llega a ser plenamente efectiva sise
da un nuevo paso, el de cambiar un nuevo modo de vivir erigido sobre la base de
la estructura neurótica y que la reproduce constantemente. se curara únicamente
si cambia su situación vital realista, de tal suerte que no reproduzca
constantemente las tendencias de que desea librarse. Además, es preciso cambiar
el sistema de valores, normas e ideales, de modo que impulsen y no bloqueen la
tendencia hacia la salud y la madurez. (Fromm, 77:227).
LA MENTALIDAD SANA
Sabio el rostro y firme la piedra.
(El corazón, el
carácter)
(Hombre ideal de la cultura Mexica)
Existe una configuración mental que se relaciona directamente con el
aprendizaje y la salud. La persona de mentalidad sana, armoniosa y productiva,
elegirá un sistema de referencia que le permitirá ser cada vez más sana,
armoniosa y productiva; en cambio, aquella en que se haya obstaculizado su
desarrollo, elegirá sistemas que, a su vez, prolongan y acrecientan su apego a
situaciones insanas, conflictivas e improductivas. “El hombre no es libre de
elegir entre tener o no tener ideales, pero lo es para elegir diferentes clases
de ideales. Tal elección está condicionada más o menos conscientemente por la
“sintonía” que exista entre el sentimiento individual profundo expresado en
actitudes y el sistema de referencia afín, actuando la reciprocidad entre ambos
como causa y efecto entre el tipo de mentalidad y la situación referencial
sintonizada. Esto es lo que llama Fromm compatibilidad
entre la situación interna y externa (F. 47:73); Jung sincronía (en Wolman 78:353) considerándolo como un principio
general de la percepción holística y de la comunicación del hombre con el
mundo; Maslow, relación sinérgica e isomorfismo
(Maslow 73: 198 y 155). Este último término ha sido generalmente utilizado
por koeler para referirse a la unidad del universo (en Wolman 78:512) y por
Piaget (en Braunstein 75:285) La tesis de Maslow sostiene que muchas
dificultades de comunicación entre las personas son el subproducto de las
barreras de comunicación dentro de la persona; y que la comunicación entre las
personas y el mundo, de adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro, depende
de gran parte de su isomorfismo (es decir de su similitud en cuanto a su
estructura y forma); que el mundo se puede comunicar sólo con la persona que lo
merece, con la que es digna de ello, o se ha “elevado” hasta ese nivel; que en
gran medida una persona sólo puede dar al mundo y recibir de él, lo que ella
misma es.
(Maslow,
73:155)
Exploraciones piloto de Maslow apoyan el hallazgo de que la integración
es una característica de la salud psicológica. En segundo lugar apoyan la
conclusión de que las personas sanas son mas espontaneas y más expresivas, y
emiten conductas de una manera más fácil, total y honesta. En tercer lugar
apoyan la conclusión de que las personas sanas perciben mejor (a sí mismas, a
otras personas y a toda la realidad).
(Maslow, 73:165).
Esta óptica para percibir la vida, ha sido llamada por Maslow cognición del ser y la define como una
forma de conciencia.
La cognición es la más pura y eficaz clase de percepción de la
realidad… es la percepción más verdadera, mas verídica de lo percibido, porque
es la más independiente, la más objetiva, la menos contaminada por los deseos,
temores y necesidades del perceptor. No interfiere, no demanda, acepta mas, en
la cognición las dicotomías tienden a fusionarse, la categorización tiende a
desaparecer, y lo percibido se ve como único.
El interrogatorio cuidadoso revela que lo percibido se devuelve más
individual, más unificado e integrado, más placentero, más rico; así como el
perceptor individual se vuelve más vivo, más integrado, más unificado y (…)
entre más completa se haga la persona, más completo se hará el mundo. (Maslow,
73: 165-166)
En base a las evidencias, Maslow plantea que la integración de la
personalidad afecta definitivamente la calidad de la emisión y de la recepción
de la comunicación. Continuando con la
percepción que es la función psicológica básica que configura la entrada y
procesamiento de la información podemos decir que una importante característica
de la mentalidad sana es la sensibilidad
y claridad en la percepción, en
oposición a las deformaciones (Walsh y Vaughan en Maslow, 82:178) que inciden en
una óptica distorsionada.
Una
importante característica de la mentalidad sana es su percepción positiva y práctica del mundo; en oposición a la
perturbación que incide en una óptica distorsionada, negativa y poco práctica:
también se señala la presencia de una actitud de sumisión ante la realidad y
la capacidad de discernimiento correcto lo
que implica eliminar su percepción
egocéntrica. “La persona que permite que sus propios deseos distorsionen su
percepción, disminuye su salud psíquica. En el individuo verdaderamente maduro
la realidad se proyecta como en verdad es, más que como aquél desearía que fuese” (Goble, 77:89)
En conclusión podríamos caracterizar la percepción sana como:
Percepción de la
naturaleza holística, unitaria, orgánica e integrada del universo.
Percepción del
principio de equilibrio en la estructuración del universo.
Percepción
de la cualidad intencionada y significativa de todas las cosas.
Percepción de las
interrelaciones entre el hombre y la naturaleza.
Percepción del
valor de diversidad biológica, racial, cultural…
Percepción
sinérgica del valor de la cooperación y la armonía entre las personas y el
medio ambiente.
Percepción de la
dimensión espiritual y su cualidad de raíz de todas las cosas.
Percepción de los
hechos en su sentido espiritual (postura espiritual)
Autopercepción
crítica y percepción tolerante de los demás.
Goleman señala entre los factores cognoscitivos sanos los
siguientes (en Maslow y otros, 82:198-200):
La atención y visión interior: clara
percepción del objeto tal como realmente es, suprimiendo el fundamental factor
malsano incompatible que es el delirio. En los estados mentales sanos, se
considera que la atención permite el mantenimiento de la claridad de
comprensión de un objeto como un coadyuvante esencial de la sabiduría. Atención
y visión interior son considerados los factores sanos fundamentales, cuando
están presentes los demás tienden a desaparecer.
Modestia y discreción: emergen
solamente cuando hay necesidad de inhibir un acto incorrecto que se opone
directamente a la falta de vergüenza y de remordimientos. Encuentran apoyo en
la rectitud, factor cognoscitivo más
general que condiciona la corrección del juicio. A estos factores se asocia el
factor afectivo de la confianza ó
seguridad básica en la percepción o conocimiento correcto.
El desapego, la no aversión y la
imparcialidad se oponen juntos al grupo de factores malsanos formados por
la codicia, la avaricia, la envidia y la aversión, reemplazándolos por la ecuanimidad hacia cualquier objeto que
pueda aparecer en la conciencia.
Entre los factores afectivos sanos que influyen decisivamente sobre el
todo mental y sobre el cuerpo, están la animación,
la flexibilidad, la eficiencia, y la habilidad, que en conjunto suplantan al encogimiento y la apatía,
prestando a la configuración de la salud mental los atributos de flexibilidad,
facilidad, adaptabilidad y destreza.
Este núcleo de factores sanos, además de reemplazar a los malsanos, se
constituye en fundamento de una serie de estados afectivos positivos que no
pueden hacer su aparición en presencia de los factores malsanos y que incluyen
la ecuanimidad, la compasión, la bondad y el regocijo altruista, al percatarse
de la felicidad ajena.
Fromm establece la relación existente entre la salud mental y la productividad positiva:
El amor productivo implica siempre un síndrome de actitudes como cuidado, responsabilidad,
respeto, conocimiento, así como también, el deseo de que la otra persona crezca
y se desarrolle. Es la expresión de la intimidad perdurable entre dos seres
humanos, bajo la condición de la conservación de la integridad de cada uno.
El pensamiento productivo se basa en el
interés positivo (subjetividad9 y en el respeto del sujeto por su objeto; en la
capacidad de ver el objeto tal como es y no como se desea que fuese; sin
deformarlo (objetividad). Consiste en ver las cosas en su singularidad e
interdependencia, en ver la totalidad de un fenómeno. El punto de vista estructural
de la situación es el elemento más importante del pensamiento productivo; esto
incluye verse a sí mismo como observador, evitando así el caer en el prejuicio,
el pensamiento caprichoso y la fantasía.
Las experiencias específicamente
humanas típicas son para Fromm (Fromm, 70:82-91):
El sentir no ávido en el cual hay poco
egocentrismo, la persona puede desprenderse de sí misma; no está
compulsivamente a lo que tiene y a lo que quiere tener, sino que está abierta y
pronta a responder. En cambio la avidez impulsa a alcanzar una meta; es un
sentir altamente egocéntrico. Por ejemplo, la sensualidad ávida es motivada por
la angustia o el narcisismo.
La ternura es un sentimiento ajeno a la
avidez y a toda premura y propósito. Es una cualidad netamente humana.
La compasión y la empatía: sentimientos
claramente relacionados con la ternura. La esencia de la compasión consiste en
que se “padece con, se “siente con2 la otra persona. “Uno se mete dentro de la
otra persona2: “yo soy tu”. La compasión y empatía implica que yo vivo dentro de
mí lo que el otro vive y, por tanto, que en esta vivencia él y yo somos uno.
“Conocer a las personas en el sentido de conocerlas compasiva y
empáticamente requiere que nos libremos de una sociedad, raza o cultura dada y
que penetremos en lo profundo de esa realidad humana en la que somos más que
humanos” (Fromm, 70:85).
Fromm dice que la ternura, el amor y la compasión son “sentimientos
exquisitos”, generalmente reconocidos como tales: en cambio, existen otras
“experiencias humanas típicas” que se identifican con mayor frecuencia en las
siguientes actitudes.
El interés. Se funda en la disposición
a la acción. Es aquella actitud relativamente constante que nos permite en todo
momento, captar simultáneamente, así como emocional y sensiblemente, el mundo
exterior. Quien está interesado se vuelve interesante, porque el interés posee
una cualidad contagiosa. (El fenómeno contrario es la curiosidad) El curioso es
básicamente pasivo. Quiere que lo nutran de conocimientos y sensaciones, pero
jamás puede tener bastante, puesto que la cantidad de la información está
sustituyendo a la profunda cualidad del conocimiento. El terreno más importante
en que la curiosidad se ve satisfecha es el chisme.
La responsabilidad. Se diferencia del
deber, pues implica la disposición libre de asumir una tarea, en tanto que el
deber, sigue órdenes por sometimiento.
Otras experiencias humanas típicas son la experiencia de identidad, que le permite a un
individuo poseer un “centro activo organizador de la estructura de todas sus
actividades actuales o potenciales”: el “yo” ó “sí mismo” que se refiere a la
categoría del ser “y no a la del tener” como es el caso del ego “yo me tengo a
mi como tengo a todas las demás
cosas de que este mi es dueño”). La
“crisis de identidad” (Erikson) del hombre moderno se basa para Fromm
esencialmente en la enajenación y la reificación cada vez mayores.
La integridad significa la
determinación de no valorar la propia identidad de las múltiples maneras en que
es posible violarla. Como por ejemplo, ascender en la sociedad industrial.
La vulnerabilidad. Actitud del ser que implica mantenerse
constantemente alerta, dispuesto y vivo, en contraste con la actitud a la
defensiva del ego frente a cualquier persona o experiencia que pueda perturbar
la permanencia y solidez a la que tiene
y que ha llegado a formar parte de él.
La esperanza. Es un estado, una forma
de ser, es una disposición interna, un intenso estar listo para actuar a
diferencia de la “actividad” surgida del temor al momento, en que no se tiene
nada que “hacer”. Este es el caso de individuos que requieren contantemente de
estímulos externos, que eviten, que den emociones. La esperanza es un
concomitante psíquico de la vida y el crecimiento.
La fe. Es un elemento de la estructura vital.
No es una forma endeble de creencia o conocimiento; no es fe en esto o en
aquello “la fe es la convicción acerca de lo aún no probado, el conocimiento de
la posibilidad de lo real que todavía no nace, y se funda en esa facultad de
conocer y de aprender que penetra la superficie de las cosas y ve el meollo. La
fe, al igual que la esperanza, no es predecir el futuro, sino la visión del
presente en un estado de gestación. La fe es certidumbre, en cambio la fe
irracional es el sometimiento a algo dado que se admite como verdadero sin
importar si lo es o no. El elemento esencial de toda fe irracional es su
carácter pasivo, bien sea su objeto o su ídolo, un líder o una ideología.
Señala Fromm que la esperanza es el temple de ánimo que acompaña a la
fe, la cual no podría mantenerse sin la disposición anímica de la esperanza. La
esperanza no puede asentarse más que en la fe.
El coraje o fortaleza: vinculada con la
esperanza y la fe, es el valor para vivir; es la capacidad para resistir la
tentación de comprender la esperanza y la fe transformándolos y, por ende
destruyéndolas en optimismo vacio o en fe irracional. La fortaleza es la
capacidad de decir “no” cuando el mundo quiera oír un “si”.
La fortaleza está unida a la intrepidez y a la osadía; no temer a las
amenazas, ni siquiera a la muerte, pero por no importarle vivir ni por miedo a
la vida, ni por sumisión simbólica un ídolo, sea esté una persona, institución
o idea al cual se teme perder, ante lo
cual se prefiere la muerte. La tercera clase de intrepidez la encontramos en la
persona desarrollada, que descansa en sí misma y que ama la vida. Quien se ha
sobrepuesto a la avidez no se adhiere a ningún ídolo o cosa, y por lo mismo no
tiene nada que perder: es rico porque nada posee, es fuerte porque no es
esclavo de sus deseos. Este tipo de persona puede prescindir de ídolos, deseos
irracionales y fantasías, porque está en pleno contacto con la realidad, tanto
interna como externa, y cuando ha llegado a una plena “iluminación”, entonces
es el todo intrépida.
Los estudios de Morales Romero (1990) sobre la esperanza evidencian que
cada vez más, los investigadores están trabajando en los estados emocionales positivos
como potenciales protectores de las enfermedades. Los resultados muestran que
las personas optimistas experimentan menos síntomas físicos y ofrecen más
rápida y mejor recuperación de ciertas enfermedades que los pesimistas; tienen
un compromiso más fuerte consigo mismos, una actitud vigorosa hacia el control
del medio ambiente y una vida llena de significado, en la cual los cambios o
retos representan oportunidades para crecer en vez de amenazas a la seguridad.
Sin embargo, para que la positividad tenga un impacto recio sobre el
ajuste al estrés y sobre el estatus de salud, debe ser un proceso lo
suficientemente intenso y persistente que estimule cambios fisiológicos
potenciales, explicativos de sus efectos.
La esperanza puede ser un pensamiento o sentimiento fugaz, transitorio o
episódico ante la anticipación de un evento específico, o una disposición más
duradera que le sirva a la persona como sustento. En la esperanza se desea que
un resultado ocurra y no se tiene miedo a que no ocurra, en la expectativa se
“sabe” que tiene que ocurrir y se teme que no ocurra, por lo tanto se evita
toda posibilidad de fracaso que sea controlable.
La esperanza energiza la acción y dirige la conducta, es decir, produce
formas particulares de pensamiento y sentimientos que están relacionados con la consecución del
mismo. En este sentido la esperanza tiene un efecto motivante.
Los estudios sobre la esperanza (Ibid) muestran su efecto en el manejo
cognitivo y superación del estrés, al estimular cambios fisiológicos
potenciales por lo cual se plantea que la esperanza activa tiene un impacto positivo
en la salud y la moral en la gente bajo estrés. La esperanza es el conocimiento
y el sentimiento de que hay una manera de superar las dificultades. En el
sentido de lo posible.
Morales de Romero señala la existencia de dos aspectos diferentes de la
esperanza: la esperanza activa
(creencia personal en que se puede actuar, para que los resultados deseados
ocurran) y la esperanza activa
(creencia de que los eventos futuros deseados ocurrirán sin ninguna acción
personal particular)
La esperanza activa se presenta como importante en la anticipación de
resultados que tienen que ver con el desarrollo y el logro personal o social.
La esperanza pasiva se presenta como un mediador de las situaciones difíciles.
Los resultados muestran que las personas con esperanza pasiva reportan tener más
dificultades de salud que los de esperanza activa, y que la esperanza parece
tener un papel protector de algunas manifestaciones físicas que están asociadas
al estrés producido por el trabajo.
La esperanza está relacionada con el optimismo entendido como un estado
de ánimo o actitud asociada con una expectativa de resultados agradables y
favorables. Como patrón de pensamientos y sentimientos que activan, dirige4n y
mantienen la conducta. El optimismo se refleja en la tendencia hacia la
información agradable, y se extiende a los procesos de percepción, lenguaje,
memoria, pensamiento, autoevaluaciones y evaluaciones de otras personas.
Las investigaciones sobre el optimismo muestran su relación con la
superación de obstáculos, con la adaptación exitosa a situaciones, énfasis en
los aspectos positivos de las situaciones. En cambio el pesimismo está asociado
con la negación y el distanciamiento, el énfasis en los sentimientos
estresantes y el abandono de la meta apareciendo el optimismo como un factor
del proceso de superación y ajuste, concluyéndose que el “optimismo
disposicional” es un protector importante de la adaptación exitosa en una
variedad de dominios conductuales. (Morales de R. 90:27)
A
partir de las investigaciones el optimismo
es visto como una característica positiva que ayuda a la gente a manejar las
situaciones difíciles y a lograr metas personales. Sin embargo, se señala que
el optimismo debe ir vinculado con el realismo
que permite la predicción de eventos amenazantes sin consecuencias negativas
para la persona. (Weinstein en Morales de R. 90:27)
Los
estudios sobre la motivación al logro
muestran que en cuanto a las necesidades básicas subyacentes al comportamiento
de un individuo frente a una tarea, se considera la búsqueda de la excelencia en el logro como la motivación de mayor
nivel. La motivación al logro implica un conjunto de actitudes tales como el
realismo en el establecimiento de las metas, persistencia en la tarea, autocritica
y el asumir la propia responsabilidad en el proceso. La motivación al logro esta
a la base del desarrollo personal y social, en tanto la necesidad de poder
sobre personas y situaciones hacia su control y manipulación, y la necesidad de
afiliación en búsqueda de relaciones interpersonales agradables, se consideran
motivaciones vinculadas con la decadencia (McLelland)
Las
investigaciones realizadas sobre la motivación de logro muestran su relación
con:
-
La consciencia de la
responsabilidad interna sobre la dirección de la propia vida (internalidad) por
sobre su atribución a factores ajenos externos (exterlidad) (Romero, 1980)
-
El rendimiento académico alto y la
valoración de los estudios (Higuera y Salom, 1985)
Las investigaciones realizadas sobre la
motivación de logro muestran su estrecha relación con las siguientes variables:
el establecimiento de metas realistas, en términos de habilidades, los recursos
y el tiempo disponible; la capacidad de control y el asumir sus consecuencias
derivadas; el éxito en las tareas emprendidas; la autoestima; los mejores
hábitos de estudio; la alta valoración de los estudios; el asumir tareas
dificultosas, las expectativas realistas, persistencia en la tarea, la
autoexigencia en la calidad de la ejecución; la elección fundamentada de
carrera, el rendimiento académica, la inteligencia y el estatus socio-económico.
(En Morales C, 1988:14)[1]
El
extremo negativo de la mentalidad en relación al refleja la imagen de una
persona que no se siente en control de su destino, que no tiene aspiraciones en
la vida, que no se propone objetivos, o que cuando se los propone los abandona,
que carece de planes para el futuro (Morales de C, 88-24-45) Por su parte
romero identifica los siguientes aspectos negativos de la motivación de logro
(y también de la motivación de afiliación y poder): el perfeccionismo, el
aislamiento, la explotación y la inhibición (Romero, 91-64)
En el marco de la teoría de la motivación de McLelland (Romero 91:51)
señala los siguientes aspectos vinculados con las motivaciones de logro, afiliación y poder en su sentido positivo en el desarrollo humano tanto en la dimensión
interior como en la dimensión exterior:
Logro: experticia, eficiencia,
excelencia (dimensión interior) Búsqueda
del crecimiento de otros, del mejoramiento de la calidad de vida, del
desarrollo económico nacional (dimensión exterior)
Afiliación: autoestima, satisfacción
personal (dimensión interior) amor familiar; apoyo afectivo, capacidad de
compartir (dimensión exterior)
Poder: autocontrol, fortaleza interior
(dimensión interior); asertividad, poder altruista, poder socializado
(dimensión exterior).
Desde
el sentido común podemos decir que el estado mental sano se manifiesta en las siguientes actitudes positivas frente a
situaciones contingentes:
Armonía, unificación, humildad, amabilidad, respeto, gentileza,
autocritica, autodisciplina, autocontrol, no oposición, no conflictos, ceder,
flexibilidad, sumisión ante la realidad, retribución, alegría, comprensión
espiritual, coherencia palabra/acción, discernimiento correcto/incorrecto,
desapego, conciencia comunitaria, creatividad, cuidado y respeto, higiene,
pulcritud, orden, organización, valorización, apelación a los propios recursos,
consumo racional, mantenimiento, reparación, no desperdicio, utilización
integral, reutilización, reciclaje, ahorro, economía, respeto y sentimiento de
preciosidad en relación a toda la creación, percepción de la realidad como
totalidad articulada, interdependiente, dinámica, intencionada.
Capacidad no sólo de analizar (descomponer, disolver, desligar) sino que
también de sintetizar (organizar, componer, estructurar).
Superación de la visión atomista-materialista. Avanzando hacia una
visión holística-espiritualista. Capacidad creciente de autoanálisis,
autocontrol y autodesarrollo. Concientización creciente de la necesidad de unificación
entre el hombre y Dios. Concientización creciente de la necesidad de
unificación entre el hombre y Dios y entre la naturaleza y el hombre. Capacidad
creciente de abandonar la propia conveniencia y el propio punto de vista
(abandono del egocentrismo y encaminamiento hacia el altruismo)
LA MENTALIDAD PERTURBADA
... se le reconoce con frecuencia
por su aspecto y sus gestos. Es frío, tiene una piel que parece muerte y
con frecuencia su cara tiene una expresión como si estuviera oliendo un mal
olor.
(Fromm, 64:42)
Los estudios generales evidencian que la
perturbación de la salud es consecuencia de la pérdida de armonía y que la
falta de bienestar es un reflejo de desarmonía somática, psicológica y
espiritual; que una vez instalada en actitudes negativas, la enfermedad también
se instala a corto p0lazo, y que nuestra vulnerabilidad parece deberse muchas
veces más a la interpretación errónea que hacemos de los acontecimientos, y la
resistencia que les oponemos, que a su real efecto negativo (sin desconocer la
predisposición genética que inclina hacia desordenes específicos). Señala que
la falta de flexibilidad y de capacidad de adaptación impide soportar un nivel
de tensión elevado y alternan la capacidad del sistema inmunológico en forma
incluso condicionada. (Ferguson, 1990).
La mentalidad perturbada implica escape, huida, evitación, defensa ante
las situaciones problemas: actitudes que acrecientan y prolongan el
egocentrismo y el apego a situaciones pretéritas insanas, conflictivas e
improductivas que obstaculizan el
proceso de desarrollo. De hecho las actitudes negativas están relacionadas con
el aferramiento a conductas inoperantes; con la resistencia al cambio; con la
limitación y distorsión perceptual, con una visión parcial limitada de la
realidad; con la apatía, la indolencia, la negligencia, el autoconformismo, la
autolimitación, la motivación extrínseca, la rigidez, la comprensión
superficial, la separación entre la teoría y práctica; la falta de sentido
común.
Subyacente a estas manifestaciones hay una concepción errada del mundo, una mentalidad que hace ver los
procesos de la existencia como hechos fijos, inmutables, desvinculados de la
totalidad; separación entre los procesos somáticos –mentales y espirituales;
separación entre hombre-naturaleza; hombre separado de sus semejantes. Esta
forma de percibir, más la excesiva ambición y conectividad, generan relaciones de
explotación y destrucción, no sólo desde el hombre hacia el hombre sino también
desde el hombre hacia la naturaleza.
A
lo anterior se agrega la presencia de un sentimiento de vacuidad, da anomia de
vacío existencial, desesperanza por falta del sentido transcendente de la vida,
condiciones que pueden materializarse en alteraciones orgánicas. (Nihilismo,
vacío existencial, secularización, desacralización).
Desde la perspectiva anterior (Maslow), se consideran como perturbación
mental los desordenes espirituales, la perdida de significado, las dudas acerca
de los objetivos de la vida, la aflicción, la pérdida del valor, la esperanza,
la pérdida de la fe, el disgusto con uno mismo, el reconocimiento del
desperdicio de la vida, la falta de alegría y de amor, etc. Todo esto es un
alejamiento radical de la humanidad plena, del florecimiento de la naturaleza
humana, como una falla del desarrollo personal, así como las perdidas
cognoscitivas, la pérdida del placer, de la alegría, y del éxtasis, la pérdida
de competencia, la incapacidad de relajarse, el debilitamiento de la voluntad,
el temor a la responsabilidad. La disminución de humanidad condiciona toda
clase de mecanismos de defensa, como por ejemplo, el de la represión, la
negación, el conflicto. Dichas pérdidas también conducen a respuestas de lucha,
a actividades de choque, a fenómenos de proyección, así como también a contra
valoración de lo que enmarca la verdad, la bondad, la belleza, la justicia, la
perfección, etc., todo lo cual hace resaltar la propia inferioridad generando
temor u odio. La hostilidad es, entonces, una consecuencia comprensible. Unida
a esta dinámica esta el temor a lo más alto y, con ello, la desacralización.
(Maslow, 1973)
La desacralización para Maslow constituye un mecanismo de defensa que se
refiere a la desconfianza da la
posibilidad de los valores y las virtudes, en tanto que la resacralización significa
la voluntad, una vez más, de ver a la persona “con el enfoque de la eternidad”
(citando a Spinoza); es decir, significa ser capaz de ver lo sagrado, lo
eterno, lo simbólico. (Maslow, 73:61).
Para Janz “el Nihilismo es un problema psicopatológico y la
psicopatológia un capítulo de la historia del espíritu.
Dios ha sido desechado como supremo valor, y el mundo de lo
trascendental ha perdido su fuerza activa. De ello se desprenden tres
condiciones fundamentales de la génesis y de la estructuración de los fenómenos
neuróticos: la manifestación de la nada en angustia, que se produce por la
pérdida de la fe, que no ha logrado anclar en una trascendencia, la incapacidad
para dominar vivencias y conflictos, y por eso no poder ordenarlos en una ley de
la existencia de que el sentido de la vida, y la predisposición hacia los
complejos se aíslan del todo de la personalidad, se emancipan de ella, y por
último, llegan a dominarla como “cuerpos extraños” que gozan de autonomía
(Janz, 63:537).
Según el autor, la persona tiene
que comprender que las tensiones tanto internas como entre él y el mundo que lo
rodea, son necesarias para el perfeccionamiento de su ser. (Janz, 63:544)
Para Parker y St. Johns (75:52-71) existen cuatro “principales agitadores
del inconsciente personal” que son el temor, la culpabilidad, los sentimientos de
inferioridad y el amor extraviado (el odio) que constituyen un circulo
vicioso en la conciencia.
El sentimiento de temor, en primer
lugar, y debido a los efectos nocivos que produce, está el temor a los propios
pensamientos. No nos atrevemos a pensar acerca de nosotros ni a vernos como
somos realmente. Negamos determinados pensamientos y emociones. La honestidad
interna es sumamente dolorosa. Esta negación es una “defensa del yo” que puede
hacer de la persona “un prisionero dentro de la cárcel de sus propios
pensamientos”. Esto implica que las puertas interiores de lamente se cierran,
creándose así una especie de muro. La energía del consiente se utiliza para
apoyar ese muro resistente y mantener sepultado el material indeseable mientras
que el inconsciente trata de liberar o descargar esa presión. Por eso la
primera tarea para superar el temor a los propios pensamientos es reconocer que
el reprimirlos, sumergirlos, enterrarlos, nonos trae ningún provecho.
Los deseos espontáneos y
naturales de la más temprana infancia entran en el conflicto con el medio
ambiente. El niño comienza construyendo un yo y, al mismo tiempo, un superyó
(conciencia) El yo elabora mecanismos de defensa contra el ambiente.
Inconscientemente reprimimos muchas cosas indeseables que es una especie de
“autoengaño”.
Según los autores mencionados para muchas personas la base del 90% de
los temores está en los propios deseos, proyecciones, que se vuelven contra uno
mismo. Mala voluntad, resentimiento, hostilidad, envidia, rápidamente
reprimidos por la mente consciente, se vuelven contra la propia persona
convirtiéndose en temor. Estos temores aparecerán aumentados y distorsionados
por el superyó, apareciendo ante el sujeto como mucho más desagradables e
intolerables.
El rencor conserva la mala voluntad; la petición de perdón la libera. Es
un hecho comprobado que el miedo, el odio, resentimiento, o la envidia, son
descargados a través del pensamiento o de la represión externa, sólo se
consigue “cosechar lo que se siembra”, haciendo que los demás reaccionen en
contra de nosotros y sintiendo temor de nuestros propios actos.
Los temores son alarmas presintomáticas. Si el temor es expelido de la
mente consciente, superado, nuestros amigos y los de la familia podrían decir que
hemos crecido, que estamos maduros. Y si se ha descubierto un método para
librarse ellos, esto será cierto. Pero si tan solo se les sepulta y reprime
podrán reaparecer bajo la forma de síntomas tales como el tartamudeo, los
dolores abdominales, la presión arterial alta, un tic, una alergia, una
inclinación, una inclinación a la bebida. Sin embargo, los síntomas no son tan
peligrosos ni tan dañinos para la personalidad como una completa supresión del
temor sin liberación interior. Se tendría entonces una presión volcánica “en la
tierra de nadie”, que podría estallar de repente, produciendo una autentica
catástrofe, o adquiriendo sencillamente la forma de alejamiento paulatino de la
verdadera vida.
El temor es el motivo de todas las represiones e inhibiciones. El temor
a la culpa, el temor de ser descubierto, de ser humillado, comúnmente llamado
“neurosis de angustia” son tremendamente dañinos, y lo que entonces se
requiere, como con todos los temores, es encontrar el objeto que espanta,
sacarlo a plena luz y encararlo. Si la confesión y los exámenes particulares de conciencia
pueden hacerse con sencillez y honestidad, la supresión y la represión serán
superadas.
La persona que
se aferra a estos temores sepultados a menudo se paraliza y vuélvase inactiva.
La imaginación de una persona inactiva es incontrolable y no hay límites acerca
de que cosas puedan conjeturar o fantasear.
(Parker y St.
Johns. 75:55-56)
La Culpabilidad
A
Diferencia de la culpabilidad, el arrepentimiento es un sentimiento positivo
ligado directamente y casi equivalente a “cambio de mente”, nos dicen Parker y
St. Johns. Para estos autores la ignorancia de las leyes que rigen el mundo
externo es determinante en nuestras conductas erradas.
Podemos observar las leyes que rigen al universo y al hombre. Toda
persona racional admitirá que el universo está regido por leyes naturales.
Podemos confiar en ellas, se pueden se puede determinar si son buenas. El
hombre también cuando funciona adecuadamente, es regido por leyes que nosotros
concebimos como divinas, no hechas por hombre alguno. Ellas son muy diferentes
de las leyes de tráfico, por ejemplo, en las que usted comete una infracción
pero no atropella a nadie ni es detenido por la policía, no pasa nada. Estas
leyes divinas no son tan obvias, aunque no puedan
transgredirse sin que se produzca algún efecto en nosotros y generalmente
también en otros. No quebrantamos una ley divina, sino que nos quebrantamos a
nosotros mismos en esa ley. (Parker y St. Johns 75:62)
El
objetivo de la psicología para estos autores es proporcionar a las personas una
mayor lucidez de conciencia. El sentirse culpable al cometer un acto
incorrecto, no constituye un “subterfugio psicológico” que deba eliminarse.
Esta es una culpa normal, es la
consecuencia del mal obrar y es algo saludable puesto que:
El dolor normal es una alarma tan segura como el dolor del cuerpo lo es
que algo dentro de nosotros no marcha bien. Los sentimientos normales de
culpabilidad nos llevan a adoptar una actitud nueva y sana de espíritu. (Parker
y St. Johns, 75:64)
El llamado “deterioro del carácter” es un proceso destructivo que debe
detenerse o, mejor aún, invertirse pues la repercusión de los sentimientos
negativos puede ser fatal. En este sentido el sentimiento de culpa debe ser
saludable, in acompañado de un cambio
real de actitud
Por otra parte, el sentimiento de culpa normal es una cosa saludable,
sin embargo la culpabilidad exagerada, o cuando no es enfrentada correctamente,
puede engendrar la morbosidad y el miedo. Además, algunas personas sólo tienen
sentimientos de “culpabilidad social”. Ellos sienten que seguramente sus
familias o sus mejores amigos desaprobarían lo que ellos hacen o quieran hacer.
Llevando esto a un grado mayor, llegarán a temer pensar esas cosas dejando que
su propia consciencia decida, y podrán proseguir de todas maneras actuando de
forma impulsiva. Este tipo de persona es casi siempre egoísta y presumida. Las
gratificaciones se hallan fijadas en niveles infantiles. Como es fácil para
ellos racionalizar, pueden continuar atacando y explotando a los demás para obtener
su propia satisfacción. Para ellos, esto significa triunfar, puesto que la
gente tiende a parecerse a los pensamientos que tiene. Estas personas pueden
llegar a ser enfermos, insatisfechos o sufrir síntomas psicosomáticos.
Los autores señalan que hay otras cosas que causan profunda vergüenza las
cuales son reprimidas a nivel pre-verbal, en donde envenenan y corrompen. Los
resultados son generalmente devastadores. Estos sentimientos “anormales de
culpa”, pueden causar la disociación de las funciones del organismo hasta tal
punto que resulten prejuiciosos parciales o totales. La medicina psicosomática
ilustra esto muy claramente. Para tratar el “sentimiento anormal de culpa” los
autores dicen que el primer paso para liberar a alguien de ese sentimiento es
llevarlo al nivel normal, verbal y examinarlo. La culpabilidad normal es, pues,
la hija ilegitima de la consciencia humana. La una es destructiva. La otra es
constructiva. El darnos cuenta de este hecho nos ayudara a reconocer la
elección que hayamos realizado hecho de una de las dos (75:66)
Sentimiento
de inferioridad
Para los autores, y a partir de los estudios de Adler, no existe lo que
pudiera llamarse un “complejo de superioridad” sino que hay un egocentrismo,
una voluntad caprichosa. Las que parecen actitudes superiores en realidad
suelen ser una máscara que esconde sentimientos de incapacidad. Esta es una
cosa bastante conocida y verificada por los clínicos y terapeutas de la higiene
mental.
El niño al sufrir presiones y frustraciones y no contar con adultos
motivados por la sabiduría, el amor que les ayuden y enseñen a enfrentar estas
situaciones en forma correcta pueden
tornarse tímidos, huidizo, esquivo. O puede reaccionar en forma opuesta, en
forma exhibicionista, rebelde y quizás hasta delinquiendo. Si esta dificultad
no se resuelve en la infancia, continuara el despliegue de reacciones
infantiles.
Katz y Thorpe asocian los sentimientos de inferioridad con un
determinado tono emocional de temor y señalan que son normales hasta cierto
punto. Los sentimientos de inferioridad se consideran como desajustes de grado
intenso solamente cuando la actitud de la inadecuación afecta a todas las
experiencias del individuo. Estos autores señalan los siguientes síntomas como
indicaciones de la presencia de un grado bastante pronunciado de sentimientos
de inferioridad, ellos son: aislamiento,
conciencia de sí mismo, hipersensibilidad, proyección, autorreferencia, llamar
la atención, afán de dominio y compensación. (Parker y St. Johns, 75:67)
El amor mal orientado (el odio): es el cuarto
estado emocional negativo señalado por Parker y St. John. Lo que el odio y la
indiferencia pueden producir en el individuo mental, física y espiritualmente
equivale a enfermarse o morir. El odio ha sido llamado “un amor frustrado” o un
amor mal orientado.
Al acercarse una emoción indeseada y negativa como esta, existe la
tentación de racionalizar y excusar el odio sentido con la “indignación
correcta”, la ira justificable, el resentimiento normal, la crítica
constructiva, que aún cuando significa una superación de la autocomplacencia son
sentimientos que al penetrar la guardia se adentran y causan daño desde el
inconsciente.
La actitud más predominante que debe ser vencida por las personas que
van en dirección de la “zona peligrosa del amor desorientado”, es la de la
critica a los demás y la indulgencia consigo mismo. La persona que es
francamente crítica encuentra muy difícil el perdonar a otros, lo cual es una
forma de odio.
Para Parker y St. Johns (75:150-151) la perturbación mental se expresa
en signos externos y signos internos.
La presencia de algo inadecuado en nuestra economía interna puede ser
exteriorizada, mediante los siguientes “signos inequívocos”. Estos signos
pueden ser fácilmente detectados en nosotros mismos a través de un autoanálisis
que nos permite “vernos a nosotros mismos como nos ven los demás” y detectar
aspectos que queramos cambiar o mejorar. Estos signos son los siguientes:
1. Relación no lo suficientemente buena con los amigos, discusiones y
susceptibilidades.
2. Relación no suficientemente buena en el trabajo, cansancio de las
personas.
3. Depresiones o exaltaciones frecuentes.
4. Demasiado dramatismo en la expresión.
5. Indecisiones y exceso de salvedades en la expresión.
6. Tensión expresada en tics y otros hábitos.
7. Aceleración verbal.
8. Dificultad y falta de claridad en la expresión del propio pensamiento
de los demás.
9. Frecuente sensación de fatiga.
10. Sensación de que la vida no tiene mucho sentido y de no valer la pena.
Los signos internos de perturbación se refieren a aquellos sentimientos
y estados de ánimo que solamente nosotros solamente conocemos y que pueden indicar un mayor grado
de desajuste y conflicto interno. Si la modalidad asumida es silenciosa e
inhibida, es probable un indicio de mayor perturbación. Parker St. Johns
señalan los siguientes signos:
Depresión: estado de abatimiento,
desanimo o simplemente melancolía sentimiento de desesperanza e ineficiencia.
Las razones pueden estar en una falta de sentimiento de relación o cercanía
respecto a los demás, de dios y del universo. O en una sensación de inutilidad
no tener un lugar y una función en el esquema de las cosas. Aún más
predominante es la sensación de haber cometido o pensar que se ha cometido “el
pecado imperdonable”. Esta actitud se interpreta como un deseo de regresión a
estados infantiles que reciben protección y constituye un alejamiento de la
realidad.
El alejamiento de los demás y de la vida es un signo muy frecuente de
desajuste emocional que implica sufrimiento silencioso. El peso de culpabilidad
imaginada puede llevar a desear el sufrimiento, pero también a evitarlo
retrotrayéndose a sí mismo, así como la hostilidad determinan el no querer
enfermarse en la vida.
El delirio. En este estado generalmente
se da un conflicto con la realidad. Es una creencia falsa de diferentes grados
que pueden escapar a propio control. Los más comunes son los delirios de
grandeza y los delirios de persecución.
La Compulsión: es un estado en el que
se adoptan patrones y pautas de conductas inflexibles, que se ejecutan sin
desviación como si fuese un ritual, que no pueden ser alteradas o
interrumpidas.
Hipocondría: se le describe
generalmente como una angustia morbosa acerca de la propia salud, la cual lleva
a conjeturar una serie de enfermedades imaginarias. La persona fomenta
trastornos imaginarios que no deben confundirse con los trastornos
psicosomáticos, en los que los factores psíquicos causan alteraciones orgánicas
en un esfuerzo inconsciente en busca de amor o para escapar o eludir la
responsabilidad.
Síntomas psicosomáticos: se trata de
trastornos orgánicos producto de factores psíquicos desencadenantes; indican
que se han reprimido los conflictos emocionales y materializados físicamente.
El síntoma no es tan peligroso y destructivo como la supresión del desorden emocional
por temor de enfrentarlo y resolverlo.
Roa (1978) plantea que la abundancia de trastornos psicosomáticos sin
molestias físicas propiamente dichas, habla de forma fehaciente de la mente
actual frente a los problemas que la angustian y su incapacidad de crear
síntomas psíquicos directos que la abran a la transcendencia, debatiéndose
adolorida más bien en su propio cuerpo hablando a través de esté, ya que el
culto y el respeto por el cuerpo ha venido a ser el centro de la cultura…
A
continuación citamos algunos de los trastornos psicosomáticos existentes,
planteándose actualmente la posibilidad de que el 80% de las enfermedades
correspondan a esta categoría (Parker St. Johns 75: 156-157)
La úlcera péptica está vinculada con la tensión nerviosa, la exagerada
necesidad de éxito o el sentimiento de culpabilidad reprimido. La causa es el
“amor mal orientado” o la incapacidad de eliminar el resentimiento.
El asma: vinculada con la hostilidad y
el aferramiento a los padres, así como a la sobreprotección.
La artritis reumática: ligada a la
hostilidad.
La jaqueca: se trata de individuos
perfeccionistas, intolerantes, exageradamente tensos, con demasiada necesidad
de triunfar y con dificultades sexuales. En general se trata de personas
dominantes.
Trastornos funcionales del corazón:
relacionados con la tensión emocional.
El acné: se plantea que es una manera
de castigarse a sí mismo.
La parálisis y las alergias: causadas
por los sentimientos reprimidos, la conciencia de culpabilidad no resuelta.
Los llamados pecados del carácter: la
avaricia, la envidia y los celos, la rigidez personal y sus derivados: la
rigidez es una falsificación de la virtud y está asociada con el odio, con el
apoyo a los mecanismos de defensa a favor del propio individuo. El malhumor,
(el vicio del virtuoso) la tendencia exagerada a criticar y a dominar, la
autosatisfacción o narcisismo (la manera más segura de bloquear cualquier
progreso); y la autojustificación (“flor y nata de la racionalización”) (Parker
y St. Johns 75: 151-159).
Citamos aquí a Ferguson quien expresa respecto al hecho de juzgar a los
demás que:
Cuando se aviva la empatía, la sensación de de participar en el
conjunto de la vida, y se siente más tristeza y más alegría a la inquietante
consciencia de la multiplicidad y la complejidad de las causas, resulta
bastante difícil creerse mejor que los demás y estar dispuesto a juzgar a los
otros (Ferguson, 90:111)
Maslow estudió la evasión del
desarrollo propio que comprende el establecimiento de niveles bajos de aspiración,
la autoinvalidación voluntaria, los contravalores, la incapacidad de transformar
la envidia, celos, pensamientos y bajezas en humilde admiración, gratitud,
aprecio, adoración y hasta veneración por medio del análisis consciente y el
trabajo con ellos comenzando por aceptar estos acontecimientos en lugar de
necesitar proteger una autoestima artificialmente alta, rechazándolos. (Maslow
73:52)
Fromm plantea en su teoría que la orientación improductiva en la
relación con el mundo presenta las siguientes formas Actitudinales (Fromm,
73:75:84):
a. La orientación receptiva tiene como creencia básica que la fuente de todo bien se halla en el
exterior y que la única manera de lograr lo que se desea es recubriéndolo de
esa fuente externa.
b. La orientación explotadora, basada en la creencia de que la fuente de todo bien se encuentra en
el exterior y que las cosas deben ser guiadas por la voluntad o por la astucia.
c. la orientación acumulativa, basada en la creencia de que la seguridad se funda en la acumulación y
en el ahorro, en tanto que cualquier gasto se interpreta como una amenaza
(gasto de cosas materiales y sentimientos).
d.
La orientación mercantil, basada en la
creencia de que uno debe ser vendible, estar de moda en el mercado de la
personalidad; por esta razón las actitudes que las caracterizan son variables.
Respecto
a las relaciones interpersonales de carácter negativo. Fromm señala las
siguientes formas:
1. Relación simbiótica, caracterizada por la dependencia intima de otros –es “absorbida” o
“absorbe” a otros- como forma principal de relación con los demás, a expensas
de la libertad y la integridad. El individuo huye así del peligro de la
soledad.
2. La relación de
distanciamiento-destructividad, caracterizada por el
distanciamiento, el alejamiento y la destrucción de los otros percibidos como
una amenaza, como modo de vencer el sentimiento de impotencia individual. Puede
estar enmascarado por un interés y sociabilidad superficiales. (Fromm, 73: 122-124)
3. La relación narcisista: solo lo que se refiere al propio yo, esto es, el cuerpo, las
sensaciones, los sentimientos, los pensamientos, etc., se experimenta como algo
totalmente real y, por lo tanto importante. La realidad externa, aunque se
percibe, no tiene peso ni importancia porque no se tiene relación con ella. En
la medida en que una persona es narcisista, percibe el mundo externo sin
profundidad ni intesidad. (Fromm y Maccoby, 70:110).
Para Goleman (Goleman, 82:197-198) de los factores malsanos básicos, el
principal factor perceptivo es el delirio,
un obscurecimiento perceptivo que es causa de que el objeto de la percepción
sea mal percibido. Se considera al delirio fuente fundamental de estados
mentales malsanos; conduce directamente a un factor cognoscitivo, la “falsa
visión” o discernimiento erróneo, aunque su papel en otros factores malsanos es
más directo, la falsa visión lleva consigo errores de clasificación, y es por
ello consecuencia natural de la percepción errónea. Entre otros factores,
cognoscitivos malsanos se encuentran la falta de vergüenza y de remordimientos –actitudes que permiten que uno
considere los actos incorrectos sin compunción, haciendo caso omiso tanto de la
opinión de otros como de las normas internalizadas- y el egoísmo, una actitud
de interés por sí mismo en que solo se consideran a los objetos de función del
cumplimiento de los propios deseos o necesidades. La perplejidad es la incapacidad para decidir o hacer un juicio o
hacer un juicio correcto.
La gran mayoría de los factores mentales malsanos son, para este modelo,
afectivos. La agitación y la preocupación -elementos de la angustia-
son dos factores primordiales en esta categoría. La codicia, la avaricia y la envidia forman un grupo que
caracteriza por el ávido apego a un objeto; la aversión es el polo negativo en
el continuo del apego. La retracción y
la apatía contribuyen a una actitud
inadaptada y de rígida inflexibilidad, y la inacción a producir estados
mentales malsanos.
Morney (en Cueli y Reidl, 77:79-83) identifica diez “necesidades
neuróticas”:
-
Necesidad de afecto y aprobación, dirección
hacia otras personas para agradarlas.
-
Necesidad de un compañero
dominante en la vida –darse y ser protegido a través de una relación de
sumisión.
-
Necesidad de restringir los
límites de la vida hasta donde sea posible: ser ultrarreaccionario, conservador
y apegado al statu que; retirarse hacia atrás en el ambiente, alejarse o
desprenderse de la gente.
-
Necesidad de poder, glorificación
del poder y la fuerza; desprecio por la debilidad, movimiento en contra de la gente
en las relaciones interpersonales.
-
Necesidad de explotara los demás,
ganar en todas las situaciones, ser dominante.
-
Necesidad de prestigio con
urgencia de ser reconocido por los demás
-
Necesidad de admiración personal
-
Necesidad de ambición de logro
personal con fuerte deseo de ser rico, famoso, importante, sin importarle el
costo para sí o para otros
-
Necesidad de autosuficiencia e
independencia, hacer cualquier cosa con tal de no sentirse obligado con otros,
lo que se logra alejándose de la gente.
-
Necesidad de perfección, ser
infalible y perfecto debido a la hipersensibilidad a la crítica.
Para
que esta autora para protegerse de los conflictos básicos en relación con los
demás la persona erige una “estructura protectora” que comprenda las siguientes
actitudes:
-
Cinismo: actitud de no creer en
nada ni en nadie.
-
Decisión arbitraria irrevocable.
-
Elusividad: no compromete se
abstiene de decir.
-
Autocontrol excesivo, rígido,
compulsivo
-
Racionalización: dar buenas razones como forma de autoengaño
en lugar de verdaderas razones para
explicar su conducta.
-
Dividir en comportamientos los
diversos aspectos de la vida con reglas de vida contradictorias.
-
Puntos ciegos: ignorar los
aspectos erróneos que posee creyendo que no existen.
Constituyen
conductas perturbadas (Tournier, 1946):
-
Faltas morales, doble moral.
-
No consciencia de pedir perdón.
-
Ausencia de remordimientos.
-
Vivir de acuerdo a caprichos y
pasiones
-
Impureza, miedo, inquietud,
resentimiento
-
Conflictos interiores o exteriores
-
Ambición excesiva
-
Huidas, rebeldía, relajamiento,
adicciones, mentira, ensueño, apego, fijación al pasado, escape hacia el
porvenir, sobrecompensaciones mediante el exceso de trabajo, deportes, música,
manías secretas, lectura (“glotón intelectual”), el arte, religión. Orden
excesivo.
-
Falta de limpieza, pereza,
desorden, indisciplina
-
Negación resistencia, rebeldía,
resignación excesiva ante el dolor, y el sufrimiento
-
No captación de la realidad
-
Negación de la existencia de las
leyes de la vida (negación del pecado, de la responsabilidad moral, del
arrepentimiento).
“El sentimiento
de arrepentimiento y consciencia de haber pecado con consideradas formas
superiores de conocimiento”.
(Mathie
en Tournier, 46:229)
Desde el sentido común se consideran los
siguientes sentimientos negativos (Sukuinushisama):
El sentimiento de odio
caracterizado por la ira, aversión, enemistad, y mala voluntad, junto con el
deseo de perjudicar a algún individuo, o situación. Corresponde definitivamente
a un estado insano que provoca problemas físicos-materiales y mentales. Se dice
que cuando se odia se sintoniza con las ondas de odio que están alrededor y con
esta vibración baja de odio aumenta el odio…
Vinculado con el odio esta el sentimiento de rabia que es un sentimiento de reafirmación personal secundario o
una frustración; puede conducir al sentimiento de venganza.
El sentimiento de envidia
está muy unido con los celos. Ambos
sentimientos empobrecen la condición humana, no siendo necesarios pues se dice
“basta con desear ser uno mismo” así en el niño pronto se percibe pues este
interpreta todo arbitrariamente, egocéntricamente y siente envidia. Se dice que
una persona acomplejada por la envidia ve todo de manera acomplejada y que la
pureza y claridad deben ser los sentimientos que reemplacen al sentimiento de
envidia.
El sentimiento de orgullo: es
el concepto elevado de sí mismo, es
presunción, es arrogancia, se dice que es “llevar el interior de modo constante
pero siempre estar vacío de contenido”. Es preciso abandonarlo y cultivar el
sentimiento de humildad.
El sentimiento de autoglorificación
este es un sentimiento que deja sobresalir el ego deseando aparecer mejor de lo
que en realidad es; así surge la arrogancia. Se dice que este sentimiento
mancha al hombre espiritualmente y que por eso es mejor no ser elogiado; que
tampoco es bueno “hablar mucho y neciamente” y que “la boca es la causa de las
desgracias”. Desde la antigüedad se dice así: “si habla demasiado queriendo
hacer que sabe, vuelca todo sobre sí”. “Si escupe hacia arriba caer sobre su
cabeza”… el sentimiento noble y sabio no es el sentimiento de elogiar al
prójimo, facilitando su trabajo, cooperando con él, en armonía.
Para el enfoque espiritualista las siguientes conductas son consideradas
perturbadas, ya que sean conscientes o inconscientes, de la propia persona o de
sus antepasados (herencia espiritual):
-
Falta de gratitud integral y de
retribución a Dios.
-
Fe incorrectamente orientada
-
Intoxicación del cuerpo físico
-
Mutilación del cuerpo.
-
Injuria, odio, envidia, deseos de
venganza, etc.
-
Matar lo que tenga vida
-
Hacer sufrir a hombres y animales
-
Contaminación y destrucción del
mecanismo establecido para regir la naturaleza
-
Desvalorización de lo material:
falta de cuidado, de respeto, de mantenimiento; mala utilización,
subutilización.
-
Apego a lo material.
Las siguientes actitudes son consideradas perturbadas
para este enfoque:
-
Orgullo, prepotencia, vanidad,
soberbia, arrogancia, autoglorificación.
-
Estar satisfecho consigo mismo
-
Oposición, antagonismo, quejas,
reclamos, insatisfacción, descontento, critica, conflicto, tristeza, mal humor,
ira, odio, resentimiento, venganza
-
Enjuiciamiento, severidad con el prójimo
-
Autocomplacencia, autoindulgencia,
autolimitación,
-
Ambición excesiva, apego
-
Comprensión solo intelectual,
excesiva intelectualidad, egocentrismo, materialismo
-
Disociación entre lo espiritual,
lo mental y lo físico material, entre el ser humano y la naturaleza.
Las conductas anteriores ensucian y enturbian la parte espiritual del
ser tornándola obscura, con bajas vibraciones y con escasa fuerza espiritual
haciendo descender su nivel. El “nublamiento espiritual” se materializa en
toxinas las que deben ser expulsadas por los canales naturales. Ante esto
existe el mecanismo de limpieza, tanto en la naturaleza como en el ser humano.
Si no hay ninguna violación de los principios del Universo, no habrá disturbios
ni impurezas, ni tampoco se activara el proceso de limpieza (enfermedades,
pobreza, conflictos, desgracias…), sin embargo, si se intenta detener este
proceso en la creencia de que se trata de una mera dolencia, se acumulan más
toxinas, tornando más agudo el proceso de limpieza y aumentando el sufrimiento.
LA EVOLUCIÓN MENTAL
Para nuestro enfoque de la mentalidad humana, los sentimientos y
pensamientos que la conforman determinan su salud o perturbación. La gama de
“actitudes positivas” favorecen la evolución espiritual, en cambio las
actitudes malsanas o perturbadas la interfieren. Sin embargo, ambos conjuntos
de actitudes son parte de un continuo evolutivo. Constituyen momentos -etapas- del
proceso de transformación del ser humano en el camino de la humanización total.
Las actitudes sanas/perturbadas aparecen en grupo pero se considera
totalmente perturbado cualquier estado mental en el que se halle presente una
sola actitud de perturbación. Si bien ambos grupos de actitudes son parte de un
continuo evolutivo las actitudes sanas son antagónicas de las actitudes de
perturbación y causan su inhibición. La presencia de una actitud sana
determinada impide el surgimiento de una actitud de perturbación específico o
de un grupo de actitudes, aunque no siempre se dé en esto una correspondencia
mutua.
“…la definición operatoria de trastorno mental, es la presencia de
cualquier factor malsano en economía psíquica de la persona. La salud mental
es, pues, la ausencia de factores malsanos y la presencia de factores sanos en
los estados mentales de la persona. (Goleman en Maslow y otros, 82:100)
El objetivo del desarrollo mental es precisamente el logro de un nivel
tal que sólo tienda a presentar actitudes sanas/positivas. La encarnación de la
esencia de la salud mental es para Goleman.
“…un ser cuya
mente no emerge ningún factor mental malsano. Desde nuestro punto de vista se
le puede considerar como alguien que ha logrado alterar un rasgo de conciencia,
alteración en virtud de la cual se produce una alteración perdurable de ciertos
procesos de la conciencia, alteración en virtud de la cual se produce una
alteración perdurable de ciertos procesos de la conciencia… una enumeración
formal tomada de una lista tradicional incluye: 1. Ausencia de: Avidez de deseos sensoriales, ansiedad, resentimientos
o temores de toda especie; de dogmatismo… aversión a situaciones de pérdida,
desgracia, dolor o culpa; sentimientos de lujuria o cólera; vivencias de
sufrimiento; necesidad de aprobación, placer o elogio; deseo de nada para sí
mismo, a no ser lo esencial y necesario; y 2. Predominio de: imparcialidad hacia los otros y ecuanimidad en todas
las circunstancias; contante alerta de calmo y deleite en lo que se vive, por
vulgar o aburrido que pueden ser; intensos sentimientos de compasión y bondad;
percepción rápida y precisa; compostura y destreza al emprender la acción.
(Goleman en Maslow y otros, 82:200-201)
LA CONFORMACIÓN DE LAS
ACTITUDES MENTALES
Un interesante enfoque sobre la adquisición del tipo de mentalidad, el
enfoque conductista, nos dice que tanto la mentalidad sana como perturbada son
en realidad un conjunto de comportamientos adquiridos a través de las
experiencias con el ambiente o “historia ambiental”, en la medida en que fueron
reforzados (Skinner 1975). Las conductas en general son adquiridas a través de
las experiencias de la vida, dependiendo del impacto de estas experiencias de
las condiciones bajos las que ocurren y de la reacción individual a ellas.
(Beech 1974). El aprendizaje conductual, para bien o para mal, deliberado o no
intencional, se lleva a cabo por la experiencia, por la interacción de una
persona con su medio. Implica siempre un cambio en la conducta; en la forma
cómo actúa ante una situación en particular. (Woolfolk 1990).
Para este enfoque, el aprendizaje conductual ocurre por la contigüidad de
ocurrencia de un estimulo y una respuesta que establece una asociación entre
ellos; este es el caso del aprendizaje de estereotipos. La contigüidad juega un
papel importante en el aprendizaje de respuestas automáticas, emocionales o
fisiológicas a estímulos anteriormente neutros expuestas emocionales adaptivas
o desadaptativas, negativas o positivas. Pudiendo asociarse estímulos neutros con
el sentimiento de fracaso, de ridículo, con el castigo o por el contrario con
eventos agradables. Las respuestas así adquiridas pueden ser generalizadas a
situaciones simuladas o discriminadas, pudiendo responderse de manera diferente
a situaciones similares pero no idénticas.
Por otra parte, las conductas ya no emocionales, automáticas, sino que conductas
nuevas y deliberadas., pueden ser aprendidas por el efecto de sus consecuencias
al ser emitidas. Se considera que cualquier consecuencia es un reforzador si
fortalece la conducta a la que sucede. El reforzamiento consolida la conducta
ya sea esta positiva o negativa. El que las consecuencias de cualquier acción
sean reforzados o no dice Woolfolk (90:185), probablemente dependerá de la
percepción que tenga en individuo del suceso y del significado que él le dé.
Los reforzamientos pueden ser también positivos o negativos. Los reforzamientos
positivos son estímulos placenteros que se presentan después de una conducta
particular; en cambio los reforzados negativos implican la supresión o
evitación de un estimulo aversivo o desagradable. En este caso si lo que el
individuo hace le permite evitar o escapar de algo desagradable es probable que
lo repita nuevamente ante situaciones similares. (Woolfolk, 90 Cap.5).
Otro enfoque –el enfoque cognoscitivista- gestáltico- se centra en
estudiar el cambio interno en la capacidad de una persona para responder
positiva o negativamente ante una situación particular. Este enfoque explica el
aprendizaje de conductas positivas o negativas dependiendo de factores internos
subjetivos (Woolfolks 1990) como son: el grado de conocimiento que se tiene; el
significado atribuido; la intención subyacente, etc. El aprendizaje conductual
seña el resultado de nuestros intentos de darle sentido al mundo. La forma en
que pensamos acerca de las situaciones además de nuestras creencias,
expectativas y sentimientos influyen en la conducta que aprendemos y en como la
aprendemos, para este enfoque la persona es como un procesador de información
activo pero su percepción confiere un significado particular a la información
que recibe.
Se plantea que los seres humanos reconocemos
factores y damos significado a los eventos sensoriales realizando un
procesamiento mediante el análisis de datos o rasgos específicos, o en bloques.
Pero que también los seres humanos somos capaces de percibir una situación de
acuerdo a su contexto ((proceso conceptual). Es así como los patrones que la
gente perciben y que determinan su tipo de actitudes están basados en el
conocimiento previo: en lo que esperan ver; en los conceptos previos y en
muchos otros factores. De tal modo que
de toda esta situación, para el enfoque cognoscitivista, estaría involucrada en
el aprendizaje conductas, ya sean estas positivas o negativas, adaptativas o
desadaptativas, sanas o perturbadas (Woolfolk, 90. Cap.7)
Por otra parte están los estados del enfoque psicoanalítico sobre la
estructura profunda de la mente perturbada. Estos estudios han demostrado que
más abajo del nivel de nuestra mente pensante y racional, de la mente
consciente que ha estado condicionada por la educación, el medio ambiente y la
experiencia, subyace una gran corriente de consciencia la cual en su mayor
parte desconocemos. Inmediatamente debajo de la superficie se halla el
inconsciente personal en el que se conservan recuerdos y material emocional reprimido.
El planteamiento es que los contenidos del inconsciente ejercen una influencia
predominante sobre la personalidad y conducta, y determinan perturbaciones
mentales sobre todo si sus aspectos conflictivos no son canalizados
adecuadamente.
Para Tournier (1946: 230-254), las investigaciones de Freud dieron a
conocer al mundo que los trastornos psíquicos podrían ser debido a trastornos
intra-psíquicos remitibles a “la falta de honradez, limpieza, preocupación por
sí y a la falta de amor” y que los trabajos de este autor revelan la inmensidad
de la impureza oculta tras apariencias moralistas e incluso tras la práctica
religiosa formal y superficial.
Dice Tournier que existen tres manifestaciones de perturbación de la
consciencia, nociones debidas a Janet y desarrolladas por la escuela
psicoanalítica:
a. El encogimiento del campo de la consciencia: ante la existencia de una
tendencia profunda opuesta al ideal moral del individuo que su consciencia reprueba,
estos actos o sentimientos culpables son arrojados fuera del campo de la
conciencia. Estos contenidos reprimidos reaparecen desplazados bajo otras
formas.
b. La tensión patológica del campo de la consciencia: referida a la
perspicacia exagerada sobre los sentimientos negativos y defectos de los demás
así como el análisis exagerado de sí mismo.
c. El desplazamiento del campo de la consciencia: en este caso la
localización de la conciencia es variable comprendiendo simultáneamente su
angostamiento y extensión exagerada. Este tipo de perturbación es expresión del
obscurecimiento del campo de conciencia en ciertos puntos, a su vez que de la
clarividencia en otros, coexistiendo zonas que deberían ser “claras” y que se
hayan a obscuras con zonas que deberían
estar “a obscuras” y que se hallan iluminadas. Este es el caso de las conductas
criticas con respectos a las demás e indulgentes para consigo mismo.
Las investigaciones sobre la dinámica profunda de la perturbación mental
muestran la existencia de mecanismos de defensa inconsciente (Anna Freud) o maneras
de escapar y evitar la frustración, los conflictos, las amenazas que el ego ha
aprendido a utilizar. Se trata de actitudes de autoengaño con las cuales el ego
trata de aliviar la tensión a costa de falsear o distorsionar la realidad; y
que operan inconscientemente de modo que el individuo no advierte su presencia
(Hall y Lindzey, 74:45).
Los cuatro mecanismos de defensas más comunes (Parker y St. Johns,
75:144-148) son: la negación, la racionalización, la proyección y la formación
reactiva.
La
negación: cuando la realidad, por ejemplo en sentido negativo se hace
demasiado dolorosa o peligrosa rehúsa contactar con ella negando
inconscientemente su existencia.
La racionalización: ante una motivación
o sentimiento irracional negativo el ego busca su justificación a través de
argumentos intelectuales al mismo tiempo que protege su autoestima.
Proyección: consiste en atribuir un
sentimiento o deseo propio negativo –que es desagradable al ego- a alguna otra
persona u objeto impersonal (Cuieli y Reidl, 77:44). Los propios impulsos
negativos inamisibles ante sí mismo son atributos al mundo exterior reduciendo
así la ansiedad y permitiendo expresar los impulsos con el pretexto de
defenderse. (Hall y Lindzey, 74: 44-47). Para Parker y St. Johns la proyección
es un mecanismo de defensa mucho más pernicioso que las anteriores al rechazar
algún sentimiento negativo o defecto propio atribuyéndolo al objeto del
sentimiento negativo (Parker y St. Johns, 75:147).
Formación reactiva: consiste en
remplazar en la conciencia el sentimiento negativo por su opuesto, permaneciendo
el impulso original, pero barnizado o encubierto por otro sentimiento positivo
exagerado y exhibicionista. Es un mecanismo de defensa del ego relacionado con
la represión mediante el cual se mantiene oculto y se evita el sentimiento
negativo original al mismo tiempo que se construye una imagen ilusoria que
encubre ante uno mismo los sentimientos contarios (Parker y St. Johns, 75:184)
Para Jung (en Neumann, 1949) al intentar el individuo realizar un ajuste
a su ideal ético, se produce en su personalidad dos sistemas psíquicos de los
cuales uno permanece en general por completo inconsciente que es la sombra; el
otro es la persona o personalidad aparente “la persona, el vestido, el disfraz,
la coraza, el uniforme, tras el cual el individuo se oculta no solo ante el
mundo, sino también ante sí mismo. Es la actitud tras la cual se disimula lo
inestable e insostenible: la imagen valida tras la cual permanece invisible lo
extraño y obscuro, lo desviado y lo misterioso, conjurado con lo fantástico”
(p.24). La sombra son actitudes y tendencias que no concuerdan con los valores
de la colectividad es la expresión de la propia imperfección. El encuentro con
esta parte negativa inconsciente provoca un efecto desilusionador de sí mismo y
a veces un duro golpe al ego. (p.67).
La dinámica interna de la
mentalidad sana o perturbada
La sublimación: es la
contraparte sana de los mecanismos de defensa considerados estos últimos en relación
a la disfunción psíquica. La sublimación expresa un cierto aspecto de la
función más sana del yo y es una de las maneras de dominar la frustración
(Wolman, 78:284). Lo que se denomina sublimación es una actividad sustitutiva,
que al mismo tiempo que se adapta a las exigencias del ambiente permite la
expresión de una tendencia que fuera rechazada en forma original (Cueli y
Reidl, 77:44).
Para Jung (Cueli y Reid, 77:91-92) existen solo dos direcciones o
polaridades hacia las que se puede mover la energía psíquica frustrada: los
campos de expresión que son socialmente aceptables en los que se puede ejecutar
o realizar en forma abierta; o puede moverse hacia abajo, hacia las ocultas
formas de expresión que no siempre son aceptables. El primer método es la sublimación, mientras que el segundo es
la represión. En la sublimación la
personalidad se mueve hacia delante porque el mundo exterior alienta sus
motivos. La energía psíquica sublimada puede actuar en una forma racional y
coordinar su fuerza para lograr la meta deseada. La energía existe allí debido
a los principios entropía y equivalencia (la energía no solo se destruye sino
que toma otras formas de expresión). El único acto real que ha cambiado es la
naturaleza de la meta. La represión es molesta; la energía psíquica está
bloqueada, no puede desaparecer de acuerdo a los principios anteriores; por
tanto la energía psíquica descendiente a los lugares más profundos del
inconsciente, creando tensiones mayores a medida que está más reprimida. No
teniendo otro lugar a donde ir, los sentimientos reprimidos causan dolor, y
conducta irracional. Al no estar dominada, porque su meta es inaccesible, la
energía psíquica solo puede crear presión. Esto origina que la mentalidad
adopte formas extrañas y perturbadas.
MENTALIDAD Y LENGUAJE
Las palabras constituyen la materialización de los sentimientos y
pensamientos que conforman una mentalidad. Es decir que una mentalidad sana se
expresara en lenguaje positivo, en tanto que una mentalidad perturbada se
expresara en un lenguaje negativo. Se dice que a su vez la calidad del lenguaje
utilizado tendrá efectos a nivel del entorno físico-material circundante, el
cual reflejara de alguna manera la armonía/desarmonía de las palabras emitidas.
Pero también las palabras que emite una persona tendrán efectos en la
conformación de su propia mentalidad. Cabe recordar aquí que el efecto de los
mensajes verbales y no verbales provenientes de figuras significativas en la
niñez en la formación del autoconcepto, ha sido ampliamente estudiado por la
psicología del desarrollo:
Cuando el niño comienza a comprender el significado de las palabras, se
inaugura para él un nuevo medio de describirse a sí mismo… los demás en
especial sus padres son espejos infalibles. (Korkille Riggs, 83:31)
Los estudios sobre comunicación y relación interpersonal concuerdan en
que es muy difícil lograr una buena comunicación sin un esfuerzo voluntario y
persistente. Tendemos en general a juzgar, a evaluar, a probar y a desaprobar
sin intentar comprender realmente lo que la otra persona está diciendo; antes
de entender su marco de referencia. Esta tendencia a reaccionar primero,
haciendo una evaluación de lo que se ha dicho desde el punto de vista propio,
es la mayor barrera en la comunicación.
Cuando se evita esta tendencia a evaluar, cuando se escucha en forma
activa y positiva –con buena voluntad- se puede progresar hacia la compresión.
Cuando se logra eliminar las emociones de las discusiones se reducen las
diferencias: hay una baja de las defensas, de las frases exageradas y de las
conductas críticas y evaluadoras. Las actitudes se hacen más positivas y se
ordenan más hacia la solución positiva de problemas. Las diferencias que permanecen
son más razonables y comprensibles.
Desde el sentido común hay acuerdo en que debe haber concurrencia entre
el contenido y la forma del lenguaje, sea verbal o no verbal.
El contenido implica el uso de palabras
claras, amables, respetuosas, capaces de hacer bien a los demás; que animen,
que den valor, que alimenten por sobre las palabras que hieren, ofendan,
humillen, molesten, agredan, las palabras arrogantes, vanidosas, las palabras
egocéntricas, las replicas.
La forma positiva del lenguaje implica
constancia con las palabras y ciertas actitudes
básicas como escuchar con buena voluntad
y saber callar además de los gestos, tonos de voz y otras expresiones no
verbales.
Desde antes se dice que la fuerza de las palabras es temible, en ellas
existe la fuerza de creación de las cosas. Las palabras rudas desvirtúan la
calidad de las personas afectando la relación con su entorno personal y
material. Las palabras claras y finas elevan la calidad de las personas y la
armonizan con su entorno personal y material.
Y
desde más antiguo aún:
“En
el principio era el verbo…”
VOLVIENDO A NUESTRO PUNTO DE
PARTIDA
La Mentalidad del Estudiante
de Educación
“¿Es
necesario que cambiemos?
¿En qué dirección realizar ese cambio?
¿Es posible que lo hagamos?”.
(Figueroa,
1993)
Primero:
La mentalidad de los educadores.
1. Los educadores deben realizar un
discernimiento lo más claro posible de las jerarquías su pena de cometer
errores.
Deben estar conscientes de que el mundo Divino, el mundo mental y el
mundo físico no son mundos filosóficos ni ideológicos sino que mundos de
existencia real que se comunican y sincronizan entre sí, y que si estos mundos
son sobrepuestos en este orden en la vida de las personas, invariablemente se
alcanza la jerarquía correcta.
El definir la jerarquía en forma clara, respecto la educación significa
que por ejemplo, el profesor debe ser respetado por su dignidad que hoy está en
cuestionamiento, pues ya no está claro que el profesor enseñe y oriente. Como
constructor de una nueva y mejor civilización él debería tener una personalidad
y un sentimiento a la altura; sin embargo los profesores en general, se dice,
se quedan en argumentaciones, solo con la teoría. De esta manera no se podrá
formar verdaderos seres humanos. No podrán ser los preceptores de los seres
humanos. Podemos decir que los profesores no están bien definidos: no se sabe
si son funcionarios, estudiantes, activistas, o profesores. No hay un
discernimiento claro respecto del verdadero papel del educador. Es preciso
realizar un discernimiento claro –sin juzgar- de lo contrario no se estará en
sintonía con la armonía universal (Oshienushisama, 1990).
Actualmente hasta el campo de la educación está contaminado y los
jóvenes turbados sin saber a dónde ir corren en dirección a la violencia y a la
criminalidad. Además de eso, gran número de educadores han perdido la confianza
en sí mismos y no tienen siquiera fuerzas para corregir a estos jóvenes. Siendo
que “la misión sagrada de los educadores” es la de extender una mano se
salvación a los jóvenes que están perdidos y desesperados (Oshienushisama,
1990). Cada uno de los educadores deben ir entonces desarrollándose como
verdadero HOMBRE, tornándose en verdadero “adulto” para poder in efectivamente ir
tendiendo la mano a esas personas que estén sufriendo y con aflicciones.
Es evidente que en el mundo hay muchos seres que han perdido la
confianza en sí mismos y hay muchos que desconocen la existencia real de DIOS
PADRE que está siempre con ellos y que le transmite su fuerza, es preciso
primeramente abandonar el ego, “abrirse a la visión espiritual y sintonizarse
con la Intensión de DIOS: Cuando los sentimientos se turban, los ojos con los
que observamos a los demás también se turban. Si los sentimientos son
transparentes como un espejo, las personas comienzan a vislumbrar el lado
bueno, santo y divino de los otros, tener los ojos iluminados así, es
extremadamente importante” (Oshienushisama, 1990). Los educadores deben tener
esa visión iluminada de las cosas que es propio de la mentalidad positiva.
2. Los educadores deben estar al día en la
orientación de la dinámica del proceso evolutivo cósmico.
El
proceso evolutivo cósmico no permanece estable indefinidamente, sino que por el
contrario se trata de un proceso de “equilibrio móvil” (Piaget) que cambia en
la medida que avanza. Es así como muchas cosas que se consideraban validas
ayer, hoy ya no lo son, sino que constituyen una “verdad provisional”
(principio aparentemente verdadero). Por esta razón los educadores deben
progresar ajustando sus pasos estrictamente al orden universal; de lo
contrario, aunque se haga algo con sinceridad esto podría llevar a enseñar
contenidos y actitudes contrarias a la orientación de ese orden.
3. Los educadores deben enseñar el amor
altruista a través de su propia actitud. Para un educador los beneficios
personales no deben ser la cosa más importante. Debe convertirse gradualmente
en una persona que pasa a sentir la alegría en la realización del bien a otras
personas. Su trabajo debe ser una especie de taller donde, solo debe
preocuparse ávidamente por su propia felicidad, pase a pensar, aunque sea un
poco en el prójimo, en el resto del mundo. Es la única forma para que esto se
vuelva un hábito, parte inherente de la personalidad. Es importante que ese
hábito, el cual se adquiere mientras se realiza la práctica, se incorpore a la
personalidad. Este es un “perfeccionamiento espiritual”. En caso de que no sea
así su labor de nada servirá y más bien podrá interferir la evolución de sus
estudiantes.
Cuando una persona empieza a hacer autoentrenamiento deseando cambiar en
el sentido de alcanzar una mayor pureza, volviéndose capaz de practicar el
altruismo, solo entonces lograra a dominar sus sentimientos. Es el primer paso
que se está dando para “disciplinar el corazón”. Desde tiempos inmemorables
“hacer sabio el rostro” (dimensión intelectual que espera el yo interior) y
“firme la piedra”, (el corazón, el carácter) era el ideal educativo de la
cultura mexica (Medina y Gómez 1992). Tener un carácter invencible y flexible
un pensamiento positivo y tenaz, pero abierto a la comprensión y a la
tolerancia con el otro; a no juzgar pero si a la severidad con uno mismo. “Ser
severo con uno mismo y ser magnánimo con los otros”, recién procedimiento en
esta forma podrá llegar a ser un verdadero hombre libre. Tener un pensamiento
que trasmita positividad siempre. El altruismo en conjunto con la gratitud
integral permite superar los obstáculos y hace a la persona vigorosa. (Sukuinushisama,
1993. Nro.4).
Por
otra parte es de extrema necesidad que el educador tenga una ambición correcta y
constructiva: una ambición altruista. Esto significa erradicar la ambición
egoísta o destructiva; vencer pero sin perjudicar a los demás. Debe progresar
ayudando a otros y si lo logra no sentirse orgulloso de esto, sino que es
necesario evolucionar y ser cada vez más modesto ante los logros y las virtudes
propias, alegrándose de corazón por los logros y las virtudes ajenas.
Desde antiguo se dice que: “No se puede borrar el Karma (pecados) propio
acumulado ni el Karma de su familia con una manera de vivir poniéndose a sí
mismo como centro, con amor egoísta, acumulando de esa manera, el lugar de
borrar acumulara más karma. Se habla sobre los “tres deseos pecaminosos”
(Budismo):
1. Tener apego a lo que uno le agrada;
2.odiar por algo que este contrario al propio pensamiento 3. Emanar quejas.
Se dice que aquellas personas que pierden la parte divina que existe
dentro de ellas, creyendo en el egoísmo y arrogancia y caen en estos deseos
pecaminosos. Es necesario cambiar de actitud para sí corregirse, esto es muy
importante para los educadores como práctica personal como modelo de
aprendizaje actitudinal para sus estudiantes. Segundo: sobre la mentalidad de
los estudiantes de educación y los jóvenes en general.
En base a los planteamientos anteriores podemos decir que los jóvenes en
general y más aún los estudiantes de educación, deben ser personas con espíritu
positivo –mentalidad sana- “repletos” de amor altruista, no solo deben
desarrollarse física y mentalmente aino que también elevarse espiritualmente
para tornarse en verdaderos hombres. Los jóvenes “repletos de espiritualidad”
son alegres, puros y no tienen sentimientos de parcialidad correctos.
Sobre la misión de los jóvenes, dice Oshienushisama (1994, 03:5-8), que
es necesario “regenerar” el espíritu abandonando el viejo pasado y renovándose espiritualmente.
Los seres que se regeneran consiguen tornarse “espíritus puros” y abrirse
positivamente hacia lo alto. Si los jóvenes logran convertirse en conjunto en
espíritus positivos lo positivo se abrirá. Es preciso alcanzar la comprensión
espiritual (satori) sobre el hecho de que en ellos se depositan las esperanzas.
Señala que el crecimiento es una característica de los jóvenes. “crecer hacia
arriba es un designio de los cielos, es una misión. El problema es en cual
dirección crecer. Es muy importante el sentido de la dirección” es necesario
que crezcan en dirección a la luz; o sea en dirección a la espiritualidad como
se percibe al observar a los vegetales, ellos crecen en dirección a la luz del
sol, y se esfuerzan en fructificar inmensamente. Es preciso que los jóvenes
“crezcan perfilados, en dirección a la luz” (p.6).
El espíritu que crece, señala Oshienushisama,
“ciertamente se encontrará con las pruebas. Si las teme no se encontrara con
las pruebas. Si las teme no se tronará adulto o un gran árbol. Las pruebas son
inevitables para tornarse grandes espíritus. Como las adversidades forjan al
hombre, los jóvenes deben tornarse en seres que reciban el fortalecimiento con
alegría. Clínicamente existen fuertes limpiezas como la lluvia, el viento, la
nieve, la tempestad, el sol. En la vida, en todas partes, hay montañas, valles,
adversidades a la espera. Por eso si los jóvenes se quedan perdidos en la forma
de vivir contraria, de holgazanear, la indolencia, jamás podrán ser los
responsables de una mejor civilización. “Entre los que crecen en dirección a la
luz y los que se quedan estancados en el mundo de las sombras, aparecerá una
diferencia del cielo a la tierra. Aguantándose el sufrimiento mientras que sean
jóvenes, deben desarrollarse adultos y ser también verdaderamente útiles a DIOS
PADRE (p.6-7).
Los jóvenes “llevando advertencias en vez de estar pasando por sufrimiento,
deben tornarse adultos, que comprenden el dolor de los otros. Aquellos que,
aguantando sufrimiento, siendo molestados y aún así se van desarrollando sin
olvidar la gratitud, crearan grandes raíces. Si tienen grandes raíces,
rápidamente serán grandes árboles, frondosos árboles adultos. “El sufrimiento
es un alimento, es un nutriente para desarrollarse como grandes espíritus, sin
sufrimientos, no podrán tornarse grades árboles ó espadas de hierro”. Por eso
los jóvenes “deben cultivar el verdadero coraje de enfrentar el sufrimiento
entusiasmándose espontáneamente en el servicio a Dios en donde sea que se
encuentren (p.7).
Enseguida, agrega Oshienushisama, tener buenas maneras es una condición
importante. Deben tornarse jóvenes que obedecen las reglas de cortesía, de
buenas maneras en el hogar, en el centro educativo, en los locales de trabajo.
Ser educados y gentiles a pesar de que las buenas maneras y las palabras se
están deteriorando en el mundo. Deben desarrollarse para tornarse en “personas
que dan importancia a las buenas maneras, en cualquier lugar que estén. “Además
no deben ser personas buenas sólo en argumentar, en teorizar”. Es necesario
tornarse personas ricas en experiencias espirituales. Pero esto no tendrá valor
sino es colocado en la práctica, la juventud es sinónimo de acciones (p.8).
El
objetivo de la juventud.
Es muy importante para la juventud tener un objetivo
claro en sus vidas, que vida llevar para darle sentido a su existencia, como
ser humano que aspira ser. Tener objetivos de ese tipo es muy importante, para
Sukiunushisama (1993) el objetivo debe ser trazado dándole un sentido
altruista. Se debe trazar una meta con una visión alta y profunda. La educación
debería considerar este punto dándole su real importancia. Si no tiene un
objetivo claro, el progreso es lento. Y si se educa la fuerza del empeño del
ingenio, de la creación, de la voluntad, el resto es preciso dejarlo en manos
de Dios. Lo que es importante es forjarse con empeño invencible; para esto
tiene que haber un objetivo y para conseguirlo está prohibido terminantemente
la autolimitación lo cual Dios detesta. Está bien ser empeñosos y querer ser el
número uno en cualquier actividad que se escogiere; ese espíritu de empuje y
empeño es muy necesario; pero es muy diferente a querer ser el mejor, el
primero, con egoísmo marcado. Cuando se tiene esa mentalidad radical de querer progresar,
pisoteando a otros, esto es simplemente egolatría. Como principio para triunfar
y así obtenga el éxito, este será muy limitado; será una prosperidad no
duradera.
Lo más importante es tener una meta clara de lo que se quiere. Al
respecto piensa Sukuinushisama que esa meta debe fijarse con mirada no al
hombre sino a la mentalidad de ser amado por Dios y aquí está la clave del
éxito. Y cuando le nace en forma natural a la persona el amor y la sinceridad,
entonces también es amado por su prójimo convirtiéndose en una persona
magnética. Nos dice que la gente en la antigüedad estaba bien llevando su
mentalidad en sentido espiritualista. Enseñanza de “LA VIRTUD BRINDA SU PROPIA
RECOMPENSA”; y por eso sus descendientes prosperaban eternamente sin
preocupación alguna. Ese sería el verdadero orden a seguir y realmente proceder
en esa forma es ser verdadera realidad (Sukuinushisama, 93:Nro.3)
Las manos encargadas de construir la verdadera civilización son las de
los jóvenes. Deben de estar conscientes de ello y tener ese entusiasmo, a pesar
de que el siglo XX se encuentra en un atolladero en todos los aspectos la
mayoría no se da cuenta de ello y son muchos los problemas que no se solucionan
mediante la ciencia materialista en la actualidad. La era actual, aunque
aparentemente tiene esplendor y lujo, anteriormente esta civilización tan
materialista se encuentra ante su destrucción. La nueva civilización será en
donde prime lo espiritual y lo material sea secundario y no habrá otro camino a
seguir que ingresar a la “era de la ciencia espiritual” alcanzando a través de
ese camino la llamada “Civilización de Orden Divinizado” (Sukuinnushisama).
Este es un problema que se puede analizar de cualquier aspecto y esta tan claro
como la luz del día. Ya la juventud se está dando cuenta de ello, aunque sea
algo. Los jóvenes deben avanzar en pos de la consumación personal de ser
semilleros de la próxima civilización lo que entraña una gran responsabilidad.
Y:
“La Primera responsabilidad de
la Humanidad para con Dios, es hacer un mundo sólo de personas felices”.
CONCLUSIONES GENERALES
Partiendo del contraste entre el propósito de
la educación que es la formación intelectual, moral y física y la insuficiente
calidad, en cuanto a sensibilidad e inteligencia, de los egresados, como lo
demuestran los numerosos estudios realizados sobre el tema, así como la
experiencia cotidiana en la materia:
Planteamos que se hace necesario estudiar esta disonancia existente
entre el ser y el deber ser en cuanto al tipo de hombres que
se está conformando a través de la actual educación.
La realidad educativa expuesta está en directa relación con la situación
actual de la realidad la que muestra un panorama de gran perturbación expresado
en una gran confusión, desorientación y profundas contradicciones que provocan
infelicidad en el hombre. Subyacente a lo anterior aparece como predominante un
tipo de mentalidad -modo de sentir, pensar y actuar- excesivamente materialista
y egocéntrica que es determinante en relaciones inarmoniosas y destructivas hacia el mismo y hacia el
medio ambiente natural y tecnológico.
Sin embargo, y paradójicamente se evidencia el surgimiento de una nueva
forma de percibir la realidad y con ello un modo nítidamente diferente de
enfocar los problemas. Esta perspectiva conlleva una mayor altura, amplitud y
profundidad en la visión de las cosas.
En el caso del ser humano, esta nueva óptica no percibe en su
tridimensionalidad espiritual, metal y físico-material, planteándose la
necesidad de relaciones más sanas, armoniosas y productivas hacia el entorno y
como fundamental la búsqueda de desarrollo humano integral; la supervivencia y
la trascendencia de la mayor cantidad de personas.
La coexistencia de ambos tipos de mentalidades: materialista y
espiritualista que corresponde en verdad a etapas
de desarrollo evolutivo, determina un estado actual de “mentalidad en
transición” hacia un nivel evolutivo superior.
La facilitación del cambio progresivo de mentalidad es posible a nivel psicoeducativo:
sin embargo es necesario discernir primeramente: que vamos a entender por
“mentalidad sana” y que vamos a entender por “mentalidad perturbada”. Solo
entonces podremos estudiar el proceso del cambio de mentalidad en sí y los
posibles procedimientos para reorientar la acción educativa en la búsqueda de
un ser más planamente humano.
Siendo
el eje central de esta nueva perspectiva del ser humano la dimensión espiritual
identificada como el origen y raíz de todas las cosas: se hace necesario
enfocar la problemática de la mentalidad humana contemporánea con un paradigma
acorde a esta nueva visión: el paradigma psicoespiritual.
El enfoque psicoespiritual plantea:
- La estructura tridimensional del ser
humano y de su mundo.
- La estrecha interrelación
bio-psico-espiritual existente en la unidad humana.
- el estado bio-psico-espiritual positivo como
condición del desarrollo individual y
social sano, armonioso y productivo.
- La existencia de una naturaleza intrínseca
espiritual (Yo Verdadero) que condiciona el carácter de su crecimiento y
desarrollo.
- La trascendencia como sentido fundamental
de la existencia humana, la cual solo puede realizarse con el “abandono del
ego” a favor del “amor altruista”.
- La conciencia de la unidad armoniosa
existente en toda la Creación, como base para la superación de los conflictos y
antagonismos y para la evolución de la especie humana.
Las implicaciones psicoeducativas del
enfoque espiritualista plantea interesante retos:
- La enseñanza de las Leyes Correctas del
funcionamiento del universo y su discernimiento de las “Leyes aparentemente
verdaderas”.
- La revisión y rectificación de los
conceptos tradicionales sobre las cosas y sus relaciones de causa y efecto al
incorporarse al marco de referencia de la dimensión espiritual.
- El cambio de actitud respecto a los
problemas y dificultades de la vida percibiendo su carácter de “factores de
equilibrio del mecanismo homeostático integral”: en otras palabras comprender
su función de entrenamiento y fortalecimiento espiritual.
- La necesidad de realizar un cambio
profundo de los sentimientos humanos, fundamentalmente de los sentimientos
ocultos que están en la raíz del pensamiento, a favor de sentimientos definitivamente
orientados hacia el polo de “lo positivo”, “lo luminoso”, “lo correcto”, “lo
trascendente”.
- Despertar en el otro el deseo sincero de
elevarse su nivel espiritual y transformarse así en un ser cada día más útil a
la creación.
CONCLUSIONES ESPECÍFICAS
SOBRE LA SALUD Y LA PERTURBACIÓN MENTAL
La salud integral ha sido definida en este trabajo como un estado de
bienestar y vigor bio-psico-espiritual; de armonía en la relación y
comunicación y de productividad, vinculado directamente con un sistema de
referencia (mentalidad) en sintonía con el orden universal.
A
partir de los estudios expuestos en este trabajo podemos identificar el
conjunto de actitud y conductas que integran un “sistema mental sano”: el
sistema mental sano está configurado por el cultivo de actitudes y conductas
positivas ante las situaciones particulares cotidianas.
La condición de positividad
implica la acción conjunta de dos factores el optimismo y el superrealismo.
Es decir, la aceptación positiva de los sucesos; el comprender que todo lo
que ocurre tiene un orden correcto no hay realmente “desorden” ni “errores”, ni
“injusticia”, ni “enfermedades”; a pesar de las apariencias. Originariamente no
existe la infelicidad y el infortunio. En todo sólo existe una transformación
para conseguir la mejoría (“las cosas siempre mejoran después”).
Por lo tanto no hay razón
tampoco para la oposición, ni el conflicto. Ni el antagonismo, ni la queja, ni
la crítica; pero sí para el autoanálisis, comprensión profunda a los propios
errores y su autocorrección inmediata.
El conjunto de actitudes básicas que
consideramos raíz y expresiones de una mentalidad sana (positiva) son las
siguientes:
-
La gratitud como práctica constante y por todas las cosas, sean positivas o “negativas” (aparentemente
negativas). La gratitud sincera genera de por sí la retribución.
-
La sumisión o aceptación de la realidad tal como ella es y no como uno
quisiera que fuese. La sumisión en estos términos implica alegría, contento
ante los sucesos y no resignación
que es un sentimiento negativo pues entraña tristeza, depresión y no
comprensión.
-
La humildad de sentimientos, es decir, no
arrogancia, ni orgullo, ni prepotencia, ni vanidad, ni autoglorificación que
son actitudes egoicas.
-
La armonía por amor que implica la búsqueda activa de la armonización
por amor y no por intereses egocéntricos.
-
La pureza de pensamientos y sentimientos (que acompañan a la pureza
espiritual)
-
La búsqueda activa de elevación del nivel espiritual.
-
Destierro del sí mismo (ego), que son
condiciones de “renacimiento espiritual” y constituye la vía más corta para
avanzar a estados de creciente salud, armonía y prosperidad.
-
El amor y la sinceridad; es decir la tolerancia, gentileza,
consideración de la otra persona (amor) y la rigurosidad consigo mismo
(sinceridad; sinceridad con uno mismo; sinceridad con la “verdad”), conforman
una actitud que deben expresarse en las palabras utilizadas y en las acciones
cotidianas.
-
El altruismo como práctica constante y estricta de buscar el
bienestar, elevación y trascendencia del prójimo.
-
Unificación entre el hombre y Dios (con su
sabiduría, sentimiento y voluntad) y con las Leyes de la Creación. De esa
actitud deviene el sentimiento de unificación con los demás seres humanos y con
la naturaleza y la eliminación de la aversión en cualquiera de sus
manifestaciones puesto que se comprende el origen común de todas las cosas y
las profundas interrelaciones existentes.
-
La actitud positiva ante el servicio,
cualquiera que este sea, y ejecutarlo como práctica de elevación, como
entrenamiento y fortalecimiento.
-
Establecer con solidez el centro de las cosas
(DIOS); darle jerarquía y consolidarlo en forma armoniosa; expandir las “Leyes
Correctas de la existencia” estableciendo claramente distinción de las “Leyes aparentemente
Verdaderas” y sentar así las bases de una nueva Civilización” espiritualista.
La mentalidad sana se expresa en:
positividad, alegría, gratitud, unificación, coherencia, acercamiento, apertura
al cambio, búsqueda de objetivos claros y trascendentes; flexibilidad, perdón,
creatividad, comprensión espiritual, respeto por la diversidad, conciencia comunitaria,
altruismo, discernimiento, pulcritud, orden, cuidado, valorización, desapego,
organización, consumo racional, utilización integra, reciclaje.
La mentalidad perturbada incluye las
siguientes actitudes;
-
Falta de gratitud sincera y falta
de retribución.
-
Crítica, conflicto, descontento,
antagonismo, confrontación.
-
Orgullo, vanidad, prepotencia,
arrogancia.
-
Desarmonía
-
Pensamientos y sentimientos “impuros”,
negativos, de baja vibración.
-
Considerar lo material o mental
como lo principal y lo espiritual como secundario.
-
Egocentrismo
-
Intolerancia con el prójimo e
indulgencia consigo mismo.
-
Falta del sentimiento de
unificación con lo Divino, con la naturaleza y con las demás personas; aversión
a algo a alguien; sentimiento de parcialidad.
La mentalidad perturbada se expresa en: negatividad,
insatisfacción, tristeza, escape, huida, evitación, defensa, criticas,
conflictos, quejas, oposición, antagonismo, objetivos egocéntricos,
aferramiento, apego, ambición excesiva, resistencia al cambio, apatía,
indolencia, excesiva intelectualidad, negligencia, autoconformismo,
autolimitación, autocomplacencia, rigidez, depresión, ira, odio, resentimiento,
venganza, individualismo, vanidad, orgullo.
RECOMENDACIONES
El propósito fundamental de la educación –la formación de seres más
plenamente humanos- con una mentalidad más sanamente positiva, implica estudiar en profundidad el problema de la
mentalidad humana y su positivación.
Dentro de nuestra línea de investigación, la primera etapa corresponde
al presente trabajo: la revisión y clarificación de los objetos tradicionales de
la psicología sobre salud y perturbación mental, a la luz del
paradigma espiritualista hemos intentado con ello caracterizar en su conjunto
la mentalidad sana identificando las tendencias actitudinales básicas que la constituyen. Hemos establecido
la diferencia con mentalidad no sana, es decir, perturbada en su forma de
percibir, interpretar y actuar sobre la realidad. El objetivo final de esta
tarea ha sido arribar a un modelo teórico que sustente y oriente las etapas
posteriores de la investigación.
Sería necesario continuar en este
punto de la investigación depurando aún más los patrones Actitudinales básicos
que constituyen el perfil de una mentalidad sana, de los cuales se deriva el
resto del conjunto de tendencias Actitudinales. Con esto se obtendría una mayor
sistematización y claridad que la lograda en este trabajo.
El segundo momento de esta línea de investigación es la revisión y
clarificación –dentro del mismo paradigma espiritualista- de los conceptos de cambio de mentalidad así como de la
orientación y dinámica de ese cambio.
En este sentido, sería importante revisar
las dos grandes vertientes de información acerca del cambio personal: los
principales modelos del cambio mental o desarrollo ontogenético y los modelos
sobre el proceso desarrollo inducido o cambio psicoterapéutico de cambios de mentalidad posible de extrapolar
a la situación psicopedagógica.
En el tercer momento de la investigación aspiramos a diseñar e
implementar, en base al perfil de mentalidad sana estructurado, situaciones de entrenamiento de positivación mental. A
través de estas situaciones se
pretende facilitar, en grupo, el aprendizaje de actitudes más armoniosas o productivas;
es decir nuevas y mejores formas de percibir y actuar ante las situaciones
vividas.
Se hace necesario respecto a esto buscar
los procedimientos de cambio personal más convenientes y las condiciones de su
utilización para primeramente ser aprobados en un estudio piloto y otras formas
de chequeo y ajuste.
La implementación de un entrenamiento de positivación mental incluye tanto
el diseño en sí de las situaciones experimentales como la preparación del
personal.
Simultáneamente con las tareas anteriores pretendemos completar un
estudio en proceso: el diseño de un instrumento de medición de actitudes en su
polaridad –negatividad positividad- (EVAC- N/P), el cual serviría de diagnostico
actitudinal así como de evaluación del cambio de actitudes.
Desde el punto de vista académico podemos recomendar que, dado que
existen las materias de psicología en el pensum de Educación sería interesante
aprovechar esta oportunidad para enseñar
a los estudiantes a utilizar la información para su propio cambio de actitudes.
Internalizar actitudes más positivas hacia no solo las otras personas sino que
también hacia el ambiente natural y tecnológico.
Se hace necesario
estudiar y reorientar los programas de
la materia de psicología y a fines que se imparten, de acuerdo al contexto de
la problemática del ser humano y a los cambios de actitudes requeridos para
elevar la calidad de formación de los educadores. Esto implica precisar; a)
el perfil psicológico del educador que
se requiere formar en términos de actitudes y conductas en la relación
interpersonal y con el medio ambiente en su tridimensionalidad (objetivos); b)
la base teórica que sustente y apoye
el perfil psicológico (contenidos programáticos y bibliografía pertinente) y c)
las actividades y recursos más
viables y eficientes (modalidad psicoeducativa, evaluación, etc.).
“Ningún cambio es fácil, sino
más bien arduo y doloroso, pues exige elegir y toda elección siempre implica
renuncia; pero la renuncia es desapego y desapego es crecimiento”
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* Sin desconocer por otra parte los
aportes de escuelas psicológicas (Freud, Adler, Horney, Wallon, Piaget,
Erikson, Merants, los gestalistas, los psicolingüistas, los conductistas, la
psicología transpersonal), igualmente la incipiente producción, si bien poco
difundida aún, de numerosos grupos de autores latinoamericanos como CEPAUR y su
propuesta de “Desarrollo a escala Humana”.
[1] Sin embargo los estudios
realizados en estudiantes universitarios venezolanos muestran que estos sujetos
tienen un comportamiento motivacional homogéneo; lo cual ha sido entendido como
“pobreza motivacional”. Es decir, no se encontró relación entre alto y bajo
logro con extracto socio-económico ni con su nivel intelectual… la tendencia
mostrada en dichos estudios es el extremo negativo cuyos rasgos son compartidos
por una vasta mayoría de la población (Ibid).
***Advertencia: ésta publicación puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar la autoría, como fuente de la misma incluya la URL: https://maryluzfm.blogspot.com/ y el aviso de Derechos de Autor o Copyright © MARÍA DE LA LUZ FIGUEROA MANSS***

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